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Willy Toledo: "La Unión Europea no tiene humanidad con las refugiadas de sus propias guerras criminales"

Publicado el 1 de febrero de 2016 a las 00:00
Willy Toledo | En el Reino Unido se pintan de rojo las puertas de las casas de acogida de las refugiadas de guerra. En Alemania y en Dinamarca les roban cualquier objeto o dinero en metálico de cierto valor a las refugiadas de guerra. En Grecia abordan y detienen a los bomberos voluntarios que que salen al mar a tratar de salvar las vidas de miles de refugiadas de guerra. En Alemania y Hungria "desaparecen" 10.000 niñas refugiadas de guerra. En la Unión Europea proponen contratar por debajo de los SMI de cada país - de manera oficial, por ley, pues se lleva haciendo "sin control" desde el primer día en que llegaron - a las refugiadas de guerra (por debajo del SMI, en muchos países de Europa, y dependiendo de cuanto por debajo, significa trabajo en régimen de esclavitud). En Suecia, cientos de nazis con pasamontañas se pasean por Estocolmo e irrumpen en la estación de tren agrediendo con puños americanos a las refugiadas de guerra, adultas y niñas. Afortunadamente, la policía sueca ha conseguido detener a unos cuantos de los cientos. A dos, en concreto. En el Reino Unido de la Gran Bretaña grupos de ultraderechistas se pasean por los barrios musulmanes donde se está acogiendo a cientos de refugiadas de guerra, a todas aquellas a las que no acoge la muy democrática Cámara de los Lores, el consejo de administración de los aristócratas británicos. Afortunadamente, la policía inglesa cumplió con su misión de escoltar y proteger a los grupos de ultraderechistas. La Union Europea deja morir en el Mediterráneo, ahogadas, a miles de refugiadas de guerra. En España se ha acogido, de momento y de manera oficial, pues todos los días entran ilegalmente, a doce de las muchas miles de refugiadas a las que se comprometieron a acoger, todas esas que, meses después, continúan vagando por Europa, muriendo de frío o siendo víctimas de todos los tipos y formas de violencia y explotación que podamos imaginar (en mi ciudad, Madrid, refugiados no se acogen, pero la pancarta de "Refugees welcome" -así, en inglés, que como sabemos es el idioma de casi todas las madrileñas y las sirias a las que no acogemos, pero damos la bienvenida igual- es enorme y bonita que da gusto de verla). 1441646556_941217_1441648409_portada_grande-1 Estos seres humanos, millones, vienen de Libia, Siria, Irak, Kurdistán, Afganistán. Curiosísimamete, y por esas casualidades del destino, bueno y un poco también porque son morenitas y la mayoría perras infieles y tal vez un poquito también porque en sus países son ricas en cosas en las que nosotras somos pobres y por tanto necesitamos para que seguir siendo ricas (hay que entendernos) el azar ha querido que esas guerras, todas esas vidas, toda esa destrucción, el saqueo y la desolación que deja el imperialismo francés, británico, alemán, español, europeo, que deja la brutalidad terrorista de la OTAN, a beneficio y disfrute de sus respectivas empresas privadas multinacionales, son las mismas guerras de las que huyen las refugiadas de guerra que llegan a Europa. Brutalidad imperialista, por cierto, ejecutada por lo que de facto no difiere en mucho de las bandas mercenarias como Blackwater, pero que son mejores porque si, porque son las buenas, las oficiales, las valientes, las respetables, esas que desfilan por nuestras calles cada 12 de octubre, porque son esas a las que le ponemos grandes nombres a la altura de nuestras grandes democracias: Organización del Tratado del Atlántico Norte; el terror humanitario. Otros millones de seres humanos de estos que vienen aquí a refugiarse y protegerse de quienes son responsables de su drama, millones de los otros seres humanos, de los que no son nosotros, no han tenido tanta suerte sin embargo; no han conseguido siquiera el privilegio de ser perseguidas, violadas, explotadas, agredidas en sus países de solidaria acogida; ellas murieron antes, fueron asesinadas antes, a consecuencia no solo de las toneladas de bombas de inteligencia europea que recibieron a modo de anticipo, sino también por las enfermedades posteriores derivadas de la presencia en esas bombas de sustancias que provocan lentas y dolorosas muertes en unos casos, o consecuencias irreversibles y de por vida en otros. De por vida incluye a la siguiente generación y a la siguiente y a la otra también. Nuestras guerras destruyeron y destruyen vidas, sí, y lo seguirán haciendo, pero también aniquilan ciudades, culturas, pasado y futuro de pueblos enteros que mueren, que agonizan, que son asesinados o se ahogan en el mismo mar en el que nos bañamos todos los veranos. Tan lejos como eso. La Unión de la Oligarquía Europea se propone cerrar las fronteras con Grecia y crear allí un gueto de pueblos saqueados y oprimidos; griegos, sirios, iraquíes…(que pregunten en Varsovia, allí saben mucho de estas cosas) y se propone anular también el espacio Schengen, o sea, la única libertad y de los poquísimos derechos que nos fueron amablemente concedidos - y no siempre, pues cada vez que les hizo falta, fue suspendido temporalmente - por los jefes de todo esto: el derecho a la libre circulación. La banca europea, y sus políticos lacayos, no tienen la más mínima humanidad para con las refugiadas de sus propias guerras criminales, lo dicen los hechos, pero ¿de verdad que esto solo va contra los otros seres humanos, los que no somos nosotras? Veamos: Así quedó la ciudad siria de Kobani, la de los otros, en 2014: y así quedó la ciudad alemana de Dresde, la nuestra, en 1945 Solo han pasado setenta años entre Dresde y Kobani, y las situaciones no son idénticas, pero casi: la destrucción y las víctimas son las mismas: nosotras y nuestras vidas; los victimarios también: la codicia criminal del capital y los capitalistas.

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