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Entrevista en exclusiva para la página oficial del Partido Comunista de la Federación Rusa (kprf.ru) del Jefe de Gobierno de la RPL, Ígor Plótnitski. | Traducida del ruso por Íñigo Aguirre.

“Recuperaremos sin falta nuestros territorios. Lo intentaremos lograr por la vía pacífica, pero si no es posible, los retomaremos por la fuerza”.

La periodista Svetlana Rudenko regresó a la capital de la República Popular de Lugansk, para entrevistar al Jefe de Gobierno electo de la RPL, I. Plótnitski, para que comparta con los lectores de kprf.ru, sus impresiones sobre su ciudad natal, que progresivamente está volviendo en sí, tras los ecos de una guerra que todavía retumban.

En los tres meses transcurridos desde la visita anterior de Svetlana Rudenko a Lugansk, la capital de la RPL ha podido transformarse de una ciudad agonizante, al borde de la catástrofe humanitaria, en una ciudad que recibe alegre y esperanzada cada nuevo día de paz. Lugansk poco a poco va regresado a un modo de vida relativamente tranquilo, va recuperando la normalidad. Se están reabriendo las tiendas de ultramarinos, de materiales de construcción, de muebles. Incluso los salones de belleza: Las mujeres de Lugansk, a pesar de todo, se ponen maquillaje, van bien peinadas. Si uno solo se fijase en ellas, podría pensar que no ha habido una guerra. Pero la gente con ropa de camuflaje, fusil en mano, te devuelve a la realidad. Hay muchos por la ciudad. Incluso pueden verse blindados y cañones enfundados por el centro. La víspera de las elecciones, toda la ciudad estaba engalanada con carteles donde podía leerse: “Acude a votar el día 2. Estarán todos los tuyos”. En ellos aparecían milicianos, ciudadanos de a pie dela RPL, jubilados, jóvenes.

Lo cierto es que en realidad en Lugansk a día de hoy sólo quedan los nuestros. Aquellos, que por un motivo incomprensible, apostaban por una Ucrania unida, ya han abandonado la república popular.

La sede de gobierno de la RPL (antigua administración de la región de Lugansk, que sufriese un bombardeo el 2 de junio) recuerda mucho al Smolny de 1917. Por los pasillos te cruzas con milicianos armados.

En la recepción de Plótnitski no deja de sonar el teléfono. El secretario tiene que explicar pacientemente que “Ígor Venedíctovich está ocupado, en una reunión”. El edifico está custodiado por varias personas armadas. Solo se puede acceder mediante pase. En la recepción donde atiende Plótnitski hay un militar con su fusil. Al lado ya se ha formado una fila de ciudadanos que desean ser recibidos por él o sus ministros. A pesar de estar tan ocupado, Ígor Venedíctovich al oír que representaba a un medio de comunicación ruso, enseguida accedió a concedernos la entrevista.

En respuesta a la pregunta de cuáles son las prioridades de Ígor Plótnitski, desde el umbral responde que hay que comenzar por recuperar la espiritualidad de pueblo, la espiritualidad eslava, en todas las esferas y por todos los medios posibles:

Lo que sembremos en las almas, las mentes y los corazones de la juventud, será lo que recojamos dentro de unos años. Un claro ejemplo de esto es lo que está recogiendo ahora Ucrania, donde ha crecido una generación de vándalos que no respeta nada de lo sagrado. Son gente descastada, sin memoria histórica, sin respeto por las generaciones de sus antepasados y sus logros. Es una generación con una idea completamente tergiversada de la justicia, del poder popular, de la fe, del valor, que solo entiende el derecho del más fuerte. Esa gente ahora está de un modo abnegado destruyendo los restos del Estado que los ha parido. Es una generación crecida sin ninguna guía moral, sin fe.

¿Cuáles son las principales tareas que se marca hoy día la RPL?

Nos hemos fijado como objetivo la integración económica y política en Rusia. El 80% de nuestra economía está orientada hacia Rusia. Producimos locomotoras, laminadoras, carbón y muchas cosas más. Kiev lleva tiempo intentando hacer creer a la gente que somos una región dependiente, pero eso es falso. No estamos mendigando nada, podemos demostrar que sabemos trabajar bien, de un modo eficaz. Al mismo tiempo la RPL pude rebajar la carga de los contribuyentes de Rusia, que nos están ayudando –ya vamos por el quinto convoy de ayuda humanitaria que recibimos en la RPL. Estamos muy agradecidos a todos los habitantes de la Federación Rusa, que nos apoyan, que rezan por nosotros, que creen en nuestra victoria. Los habitantes de la RPL estuvieron pasando frío durante 5-6 horas en la calle, para ratificar su elección en el referéndum. Comprendemos que es un camino difícil, que tenemos muchos problemas económicos, pero estoy convencido de que podremos ganar bien con una distribución justa de los bienes materiales. No necesitamos construir estructuras piramidales, en las que solo unos pocos se enriquecen. La capa más indefensa de la población son nuestros mayores. Por eso hemos encontrado medios para poder ayudarles a ellos en primer lugar. Hace unos días pudieron recibir 1800 grivnas. Estoy convencido de que nuestros jubilados dentro de tres o cuatro años vivirán al nivel de los pensionistas en Rusia.

Ígor Venedíctovich, sea como fuere, Ucrania seguirá siendo el vecino más cercano de la RPL. ¿Intentará usted encontrar el modo de cooperar con Ucrania?

Por supuesto, con Ucrania nos unen unos lazos económicos, culturales y familiares muy estrechos. Sin embargo si no adoptamos ninguna medida en la lucha contra el fascismo, acabaríamos obteniendo una Al-Qaida de 40 millones. Quisiera subrayar que no estamos luchando contra Ucrania ni el pueblo ucraniano, sino contra esos oligarcas enloquecidos que se han hecho con el poder en Ucrania, contra esa ideología que han inoculado en las mentes de la gente. Recuerde lo que decía Goebbels en su día: “Dadme los medios de comunicación y convertiré cualquier pueblo en un rebaño de cerdos”. Por desgracia, Ucrania ha estado 23 años viviendo en tinieblas y yo pido disculpas ante los habitantes de Rusia por la elección que hicimos hace 23 años. Pero ahora estamos regresando a nuestra familia natal. Sin embargo, Ucrania seguirá siendo nuestra vecina y estamos dispuestos a seguir trabajando en el plano económico y político con ese país, pero solo como vecinos y socios en igualdad de derechos. No vemos motivos para renunciar por completo a cooperar; allí viven nuestros hermanos y hermanas, nuestros parientes. Pero nosotros no queremos ni vamos a colaborar con un régimen fascista. Los ucranianos son buena gente, un pueblo trabajador. Es una pena que les hayan inyectado el suero del nacionalismo, del “banderismo”. Pero como cualquier otra enfermedad, tiene cura. El espíritu de la hermandad eslava se impondrá igualmente, la gente tarde o temprano despertará y entenderá que entre Ucrania y Rusia no puede haber divergencias. Somos una familia, un solo pueblo, parte del mundo ruso. Es terrible que en las mentes de los ucranianos se haya producido esa transformación. Es el resultado del trabajo de los medios de comunicación, que influyen sobre su propio pueblo. En el territorio ucraniano han desconectado los canales rusos. La gente no tiene acceso a una información veraz. Los canales ucranianos y occidentales convierten a Rusia en el enemigo a los ojos de la gente. Así que ahora nos toca ganar esa guerra en el frente de la información, romper ese bloqueo. Tenemos un contacto fluido con gente del lado ucraniano, con amigos, parientes. Hoy hay ya una mayoría aplastante que piensa que se ha producido un error monstruoso. Los ucranianos están dispuestos a revisa su relación con la RPL, con Rusia. Pero están asustados. Temen ser arrestados. No se andan con miramientos, la disidencia se persigue con dureza, se reprime cruelmente. Aunque la propaganda ucraniana dice que en la RPL se vota bajo los cañones de los fusiles y los tanques. Querámoslo o no, nos hemos convertido en primera línea de fuego frente al fascismo contemporáneo, nos hemos interpuesto en su camino. Es como un incendio en el bosque: si no se ataja a tiempo se propaga en todas direcciones, no solo hacia el este. El fascismo aparecerá pronto en Chequia, Hungría, en Alemania, Francia o Gran Bretaña. Llegará hasta los EEUU, es una enfermedad que no conoce fronteras. Nosotros llamamos a restablecer una coalición antihitleriana. Sobre nuevos principios y con nuevos integrantes, capaces de evitar una nueva guerra mundial y acabar con el nuevo germen de fascismo. Los problemas económicos son solo cuestión de posibilidades y del deseo del pueblo. Las posibilidades de nuestra gente son prácticamente infinitas, como lo demostraron las construcciones en la URSS: estoy muy agradecido a nuestra gente por su trabajo abnegado y por otorgarme la confianza de poder defender sus intereses.

La región de Lugansk está hoy partida. En Schastie se han atrincherado los batallones de castigo ucranianos, al igual que en Stanitsa Lugánskaya, que está a un paso. ¿Va la RPL a liberar sus territorios?

Nunca abandonaremos a nuestra gente. El territorio de la antigua región de Lugansk se convirtió el 11 de mayo en la República Popular de Lugansk. Recuperaremos sin falta nuestros territorios. Intentaremos hacerlo por la vía pacífica, pero si no es posible, los tomaremos por la fuerza. Me quiero dirigir a la gente que ha quedado en los territorios ocupados para decirles que tengan paciencia. Haremos todo lo posible para acudir en su ayuda lo antes posible. Recuerden lo que dicen las sagradas escrituras, al que sabe esperar todo le llega. Llegará el día en que la RPL esté unida en sus fronteras.

¿Cree usted que a las antiguas regiones de Lugansk y Donetsk se les unirán en Novorossia otros territorios?

Novorossia no es la anti-Ucrania. Es la unión de todas las fuerzas democráticas, antifascistas que se alzarán dentro de nuestro antiguo Estado. Esas fuerzas están presentes en cada región, solo que ahora están reprimidas, como presos en la cárcel. Pero no hay sogas capaces de reprimir el deseo de libertad de la gente, de trabajar libremente. El poder hablar en la lengua que quieras, leer los libros que te gusten. Poder conocer tu verdadera historia, y no una inventada, falsa. Esas fuerzas existen. Por desgracia, el gobierno de Ucrania no entiende en que llegará el día, y será pronto, en que el pueblo despierte. Y entonces Novorossia se extenderá desde los Cárpatos hasta el Donbás. Mientras no acabemos con el fascismo, esa amenaza seguirá existiendo para todo el mundo, no solo para Rusia. Occidente menosprecia al fascismo ucraniano. Ya ahora se están desdiciendo de muchas de las cosas que están sucediendo en Ucrania. Pronto serán ellos los que tendrán que tomar las armas contra el fascismo. Polonia sin ir más lejos, sufrió mucho durante la Segunda guerra mundial por culpa del nacionalismo y el “banderismo”.

¿En qué más podría ayudar hoy Rusia a la RPL?

La ayuda y el papel que está jugando Rusia son incalculables, pero a día de hoy son muchos los edificios, servicios sociales, de la cultura que han quedado destruidos: guarderías, escuelas, residencias para ancianos, están en ruinas. Por ahora no tenemos capacidad para reconstruirlas, ya que más que un arreglo, precisan de una reconstrucción completa. Lo mismo podría decirse del aeropuerto, donde quitando la pista de aterrizaje, no ha quedado nada en pie. En este sentido he recordado las buenas tradiciones que existían durante la construcción el BAM (ferrocarril Bailkal-Amur), donde cada república de la URSS se encargaba de una estación. Sería estupendo si en Rusia se recuperase ese movimiento, y las grandes ciudades, las repúblicas respondiesen a esa llamada, mandasen a sus representantes, viesen cuales son las necesidades y ayudasen en la reconstrucción. Entonces todos esos jardines de infancia, colegios quedarían hermanados con las escuelas y guarderías de las regiones en Rusia, que ayudaron en su reconstrucción.

Igor Venedíctovich, háblenos un poco de usted.

Nací en una aldea en la región de Chernovitski. Mis padres eran gente sencilla, mi madre trabajaba en la construcción y mi padre manejaba maquinaria agrícola. Yo desde niño soñaba con ser militar. Acabé la escuela con un notable en dibujo técnico y decidí marchar a Penza a intentar entrar en la Academia superior de artilleros. No lo conseguí a la primera. Entonces había 12-15 aspirantes por puesto. Volví a casa. Ingresé en Formación Profesional, acabé con todo sobresalientes, casi como externo, íbamos con los camaradas a descargar vagones. El segundo intento de ingresar en la Academia de Penza tuvo éxito. Recuerdo con mucho cariño y agradecimiento los años pasados allí. Sigo manteniendo contacto con muchos camaradas de la Academia.

¿Cómo terminó en Lugansk?

Después de licenciarme del ejército. Fue en el 91 durante el derrumbe de la Unión Soviética. Fuimos cuatro los que pedimos la licencia, ya que no estábamos dispuestos a hacer un nuevo juramento de fidelidad a ningún otro país, incluida Ucrania. En ese momento me daba un poco igual dónde ir. Aquí vivían los padres mi mujer. Por eso decidimos venirnos a Lugansk. Los primeros meses me costó acostumbrarme a la vida de civil, como era posible acordar algo con alguien y que luego no llegase o se retrasase una o dos horas… Sigo sin entenderlo. Entré en el sector comercial, fui director comercial de una firma. Pasado un tiempo entré en las estructuras del Estado, trabajando 8 años como inspector, defendiendo los derechos del consumidor. Comencé como principal especialista y acabé dirigiendo la sección.

Ígor Venedíctovich, ¿cómo se imagina la región de Lugansk tras la guerra?

Por supuesto que la veo viviendo en paz, bondadosa, siempre dispuesta a perdonar. Debemos llegar a poder comprendernos, respetarnos, querernos. No debe haber lugar para el odio y el rencor, y estoy seguro de que así será. Lo que está ocurriendo ahora, sirve para que el pueblo se purifique. Esa corteza exterior de rencor se elimina. En el futuro, cuando todo haya acabado, aparecerá sin falta esa capacidad de perdonar. Por algo somos un gran pueblo. A lo largo de los tiempos, esa grandeza del espíritu ruso se ha manifestado en el saber perdonar.

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