Internacional

No permitiremos a los rusófobos y antisoviéticos que destruyan Rusia

febrero 1, 2016
Rubén Pérez

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No permitiremos a los rusófobos y antisoviéticos que destruyan Rusia

Traducido del ruso por Íñigo Aguirre Intervención de Guennadi Ziugánov en rueda de prensa en la Duma

El agravamiento de la crisis económica inevitablemente provoca que los ciudadanos del país vuelvan la mirada a su historia y la estudien más a fondo, intentando encontrar en ella las respuestas necesarias. En el encuentro del presidente Putin con el Frente Popular Ruso (organizaciones de la órbita del partido oficialista “Rusia Unida”, N de la T.), no fue casualidad que se le volvieran a formular preguntas relacionadas con la historia soviética.

Hace unos años, en el despacho presidencial, en un encuentro con los líderes de los grupos parlamentarios, de boca de los liberales salió la propuesta sobre la necesidad de ajustar cuentas con la Plaza Roja. Entonces me levanté y dije: “Vamos a ponernos entonces de acuerdo por dónde empezar las excavaciones.

Los primeros y más antiguos enterramientos se encuentran junto a la muralla del Kremlin en la parte junto al rio Moscova. Luego, durante 300 años, en dos templos del Kremlin, fueron enterrados todos los gobernantes de la realeza y sus familias, comenzando por Iván Kalita. Junto a las murallas del Kremlin están enterrados más de 400 héroes de la época soviética. En la plaza Roja no solo están enterrados Lenin y los líderes de la revolución, sino también nuestros más distinguidos científicos como Koroliov, Keldysh, Kurchatov, quienes dieron al país su despegue espacial y su seguridad nuclear. Allí están enterrados 32 mariscales, quienes nos garantizaron la Victoria en la Gran Guerra Patria. Allí descansa nuestro primer cosmonauta Yuri Gagarin, junto a sus compañeros. Luego le sigue el jardín Alexandrovski con la tumba del soldado desconocido y la tierra sagrada de todas las ciudades héroes y de la fortaleza de Bretsk. Así que decidan por dónde empezar las excavaciones”.

En aquel encuentro el presidente dijo que mientras él se encontrase en ese despacho del Kremlin no permitiría esa barbarie. Yo también estoy satisfecho con su respuesta de ayer a esa pregunta, donde volvió a subrayar que en medio de la guerra que se libra en el sur contra los terroristas, el país necesita como nunca de cohesión y unidad, en un escenario de sanciones y graves dificultades económicas y financieras. La profundización de la división podría acarrear una dura conmoción para todo el país. Yo estoy totalmente de acuerdo con ese punto de vista y les quiero volver a recordar que en el Consejo de Estado, donde por iniciativa nuestra se estuvieron revisando los problemas de nuestra educación, la política social y el desarrollo de la economía, el presidente volvió a confirmar su tesis: “Debemos como herencia tomar lo mejor que hubo en la historia milenaria de Rusia, incluyendo la época soviética”.

El presidente recordó la industrialización, lo bien que estaban organizadas la educación, la ciencia y la sanidad. Y esa experiencia histórica soviética, no solo merece ser tenida en cuenta, sino que es necesario retomarla. Al mismo tiempo una gran parte de esa experiencia soviética se ha perdido. Aunque, en mi opinión, en el país ahora se han agudizado las contradicciones, ante todo entre esa línea estatal patriótica, que el presidente aplica en política exterior y la criminal política económica liberal, que aplica el gobierno.

Considero que esa agudización de contradicciones ha alcanzado su punto álgido, y se está haciendo ya insoportable. Y es que aquellos que son incapaces de resolver ninguna de las cuestiones económicas y sociales, están de nuevo sedientos de ensañarse con la historia soviética, están deseosos de enfrentar a los ciudadanos del país en el Cáucaso norte, en Chechenia y en la Plaza Roja. Para aquellos que se interesan por la historia, querría recordarles que en los 200 años de capitalismo ha habido 12 crisis sistémicas. Dos de ellas en el siglo pasado derivaron en dos guerras mundiales. En el centro de esas guerras acabo estando nuestro país. De la primera crisis nos sacó el Gran Octubre encabezado por Lenin.De la segunda, la Gran Victoria en mayo de 1945, dirigida por Stalin.

Durante la celebración de la encuesta “El nombre de Rusia”, dos excepcionales dirigentes, Lenin y Stalin, estuvieron permanentemente encabezando la troika de los políticos más populares y grandes en la historia de nuestro país.

En esa encuesta tomaron parte casi 40 millones de personas. Quisiera que aquellos que hoy enseñan nuestra historia tuvieran eso en cuenta. Solo el genio de Lenin, su voluntad política y la voluntad de los bolcheviques permitieron recomponer el país tras la Primera Guerra mundial, en su nueva versión como un solo país unido. Que alguien me diga de otro ejemplo histórico, cuando una persona que llega a un imperio en descomposición, es capaz de aplicar en cuatro años cuatro variantes de política, desde la “Prodrazviorstka” y el comunismo de guerra, a la NEP y el plan “GOELRO”. ¿Quién ofreció a 180 nacionalidades el camino de la integración en un Estado unificado? ¿Quién fundó un nuevo partido unido, que pudo hacer frente a todas las ingentes dificultades y que en 20 años, dirigido por Lenin y Stalin, supo multiplicar por 70 el potencial del país? En diez años supimos construir 6 mil fábricas punteras, y los tiempos de modernización entonces en el país eran del 16%.

El milagro chino alcanzó a mostrar unos indicadores del 12-13%. Lenin en sus incompletos 54 años escribió 55 tomos de artículos y respondió a todas las cuestiones de la política mundial. Sus obras completas se encuentran en cualquier biblioteca del mundo que se precie. Sus trabajos están traducidos a todos los idiomas del mundo. Por cierto, Lenin hablaba en los principales idiomas europeos. Que alguien me mencione ahora otro ejemplo similar de genio, de político, de hombre de Estado, de dirigente. Querría decirles a aquellos que intentan de nuevo enfrentar a la gente en base al antisovietismo y la rusofobia. Ustedes lograron enfrentar al país en los 90, bajo el gobierno de los traidores, del charlatán Gorbachov y del borracho Yeltsin. Entonces el ejército y el KGB guardaron silencio, aunque habían jurado fidelidad a la unidad de un gran país. Nada de eso volverá a suceder. No permitiremos que los rusófobos y antisoviéticos despedacen Rusia. Si quieren ver en qué termina eso, les invito a que vayan a Ucrania y lo vean con sus propios ojos. Muchos periodistas están curtidos por la guerra y han visto en qué se ha convertido la que hasta no hace mucho era una de las más prosperas y florecientes repúblicas de la Unión Soviética. Recuerden por dónde comenzó esa jauría banderofascista, bajo la dirección de los agentes de la CIA.

Comenzaron derribando el monumento a Lenin en la avenida Kreschatik. Una estatua que abría nuestro pabellón en la exposición internacional en los EE.UU. antes de la guerra y que luego fue erigida en Kiev en 1946. En ese pedestal estaban escritas unas palabras proféticas de Lenin: “Solo con la acción conjunta de los proletarios rusos y ucranianos es posible una Ucrania libre, sin esa unidad es impensable” y “Nunca podrán vencer a un pueblo, en el que los obreros y campesinos en su mayoría han visto y sentido que estaban defendiendo su poder soviético, el poder de los trabajadores, que están defendiendo una causa, cuya victoria les garantizará, a ellos y a sus hijos, la posibilidad de disfrutar de todo lo que ofrece la cultura y de todo lo creado por el trabajo del hombre”. Aquellos que han olvidado estas palabras de Lenin, están hoy recogiendo sus frutos en una Ucrania, arruinada, humillada y saqueada.

Ucrania se ha convertido en el reino de los bandidos, los agentes de la CIA y los gavilladores del oligarcado. Propongo a nuestros oponentes volver a discutir estos problemas y adoptar una declaración oficial contra la rusofobia y el antisovietismo. Cualquiera que azuce la rusofobia y el antisovietismo está luchando contra el Estado ruso. Todos ustedes están viviendo en una Federación de Rusia, en cuya acta fundacional figura la firma de Vladímir Ilich Lenin. O fortalecemos nuestro sistema estatal o se repetirá otro 1991 en su peor variante. No creo que ningún ciudadano de Rusia en su sano juicio, quiera algo así.

Fuente: Pravda

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