Sociedad

El traje nuevo del amor, la mañana de la vida

10/03/2017
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El traje nuevo del amor, la mañana de la vida

El amor se hace necesario desde la más tierna infancia, siempre acompañándonos en nuestro viaje vital, cambiando de ropas con el pasar de los años. Primero se vistió de madre y fue nuestro primer gran amor, poco después fue cambiando de aspecto, probándose trajes apresuradamente, la vecina de enfrente, el compañero de clase, la hermana de tu amigo, tu primo del pueblo. Los disfraces se caían y se colocaban en otros cuerpos, pero el amor, ese sentimiento, siempre era el mismo, el más puro y sincero que cabe imaginar.

La edad deja atrás la infancia y la adolescencia y el amor se torna algo más misterioso, más excitante, incluso más doloroso. Los amores implican realidades, ya no se trata solo de lo que la mente quisiera fantasear, ahora aparecen los contactos físicos, las alegrías y las decepciones compartidas, el amor ya es un juego entre dos.

Es cuando buscar pareja se convierte casi en una obsesión, nadie quiere permanecer solo durante demasiado tiempo, tiene que demostrar a los amigos y amigas que también puede tener una relación, que puede gustar a alguien o que puede conseguir a la persona que desea. El amor toma connotaciones de competición y las relaciones duran lo que tiene que durar. A veces nada y a veces toda la vida. Es la hora de la juventud y la sangre alterada no espera, juega, se divierte, se emociona, se lastima y se recupera.

Se utilizan todos los recursos posibles, la moda, la música, los regalos, y la tecnología, cualquier medio para alcanzar el objetivo del amor, es interesante y aplicable. Se conocen herramientas que ayudan de forma rápida y eficaz, la tecnología móvil te ofrece las aplicaciones, donde puedes encontrar tanto una aplicación para conocer gente y hacer amistades como una app para encontrar pareja que comparta tus gustos y aficiones, con las que establecer una relación a la medida de los interese personales de cada cual.

Y llega el mediodía

Los amores de la juventud, inconscientemente y paso a paso, van creando un camino que se recorre sin mirar y, cuando después de un tiempo se vuelve la vista atrás, se descubre la distancia que ya jamás se va a volver a pisar. La experiencia ha marcado las líneas continuas que delimitan el futuro, el error cometido coloca señales en el camino, pero el traje nuevo del amor vuelve a provocar el accidente que te sacará de la pista cómoda y segura que creías recorrer.

Y te vuelves a enamorar, y la edad y la seguridad que creías haber acumulado te llevan a crear una familia, donde esta vez el traje permanecerá en su lugar para siempre. Pero descubres, perplejo, que las ropas que viste el amor se pueden deteriorar, que el mediodía sirve para levantar sombras que permiten que se esconda y desaparezca, dejando tras de sí pequeños brotes de un nuevo y verdadero amor que proporciona total seguridad de permanencia, la de los propios hijos.

Y una vez más el amor de pareja te abandona, pero el matrimonio te lleva a prolongar la despedida y tienes que conseguir un abogado de divorcios en Madrid (si esta historia transcurre en la capital), que consiga un buen pacto entre los conyugues que incluya la custodia compartida de esos nuevos e imperecederos amores. Un abogado que sepa mantener puentes de amistad entre los que desean el divorcio y sea experto en derecho de familia, capaz de solucionar tanto los casos contenciosos, los de mutuo acuerdo como los denominados express.

Pero nunca es suficiente y, cuando alguien se va, no hay que esperar demasiado tiempo para que otra persona aparezca con un nuevo traje, pero con esa extraña mezcla de nervios, atracción sexual, calidez en sus manos y mirada transparente que volvemos a reconocer como la vieja emoción de la que nos enamoramos.

No sabemos muy bien qué es, pero se ríe de nosotros una y otra vez, como un fantasma intangible, solo lleno de sensaciones que trascienden lo físico y lo razonable, que se aleja de nosotros cuando menos te lo espera o permanece atado a ti, si tienes la suerte de que sea esa su decisión. El amor no tiene dueño y, como agua cristalina, puede resbalar por tus manos una y otra vez o puede adherirse a tu piel para siempre. No intentes explicarlo, solo disfrútalo, una y otra vez, una y otra vez…