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Si siempre es bueno recordar la historia para aprender de lo bueno de ella y no repetir lo malo, se trata de intentar verla lo más honesta y verídicamente posible, sin triunfalismos que justifiquen lo que debía haber sido, según nuestros deseos ideológicos, pero no fue, aunque no se preocupen, ya no habrá más derrotas, la historia no volverá a equivocarse y será en el futuro lo que deseamos que sea; o, en sentido inverso, sin que el peso del fracaso de proyectos de emancipación y fraternidad humana necesarios nos hundan en el pesimismo y el nihilismo. Actualmente es, ya no necesario, sino imprescindible, que la izquierda recupere lo mejor de su pensamiento y de su acción revolucionaria, sino quiere ver desaparecer durante largo tiempo, o definitivamente, por el desagüe de la historia, el enorme sacrificio de millones de hombres y mujeres que defendieron y lucharon por una vida colectiva digna en un mundo más decente y mejor. Hablo hoy de la izquierda sin entrecomillas porque aún no está perdida del todo mi capacidad de creer en la reconstrucción de ésta, no recogiendo y uniendo pedazos dispersos y contradictorios, sino teniendo en cuenta ideas y propuestas para la construcción de una moderna izquierda que conozca toda la realidad de la lucha de clases en su complejidad, sea capaz de explicar, convencer, comprometer, unir y organizar a millones de trabajadores en cada país, coordinarlos con los trabajadores de otros países y continentes, creando y fortaleciendo el más amplio movimiento para hacer efectiva aquella voluntad indestructible encerrada en el “Trabajadores del mundo, uníos”. O sea, un verdadero internacionalismo solidario y fraternal.

Dicho esto, no está de más recordar y resumir brevemente, en dos hechos de los muchos que jalonan la lucha y el sacrificio de mujeres y hombres del naciente movimiento obrero organizado, la historia de aquel 1 de mayo del calendario hasta convertirse en el Primero de Mayo, fecha de recuerdo y lucha en todos el mundo, algo muy festivo y rebajado de contenido de clase, actualmente. Uno de aquellos hechos, el de reivindicación, huelga y movilización de la clase obrera de Chicago en 1886, fue reprimido violentamente por el sistema, con miles de trabajadores y dirigentes sindicales despedidos, detenidos, torturados, procesados, muertos o heridos de bala, culminando la acción represora con el juicio, condena a muerte y ejecución de: Adolf Fisher, alemán, 30 años, periodista; George Engel, alemán, 50 años, tipógrafo; Albert Parsons, estadounidense, 39 años, periodista; August Vincent Theodore Spies, alemán, 31 años, periodista; Louis Lingg, alemán, 22 años, carpintero, el cual se suicidó en su celda antes de ser asesinado. El otro hecho es el del incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist de Nueva York el 25 de marzo de 1911, en el que murieron 123 trabajadoras, la mayoría inmigrantes procedentes de la Europa del Este y de Italia, entre los 14 y los 23 años de edad, 23 hombres y hubo 70 heridos más. Declarado el incendio, fue imposible salir de la fábrica porque las puertas estaban cerradas.

Son dos historias de explotación y brutalidad del capitalismo que, junto a otros muchos dramas de la lucha del movimiento obrero por sus derechos y dignidad, jalonan la historia del mundo del trabajo dando vida al Primero de Mayo, al Día de la Mujer Trabajadora y al Sindicato Internacional de la Mujer Trabajadora. Pasados más de un siglo de aquellos hechos, a los 200 años del nacimiento de Marx, a los 170 del Manifiesto del Partido Comunista, es necesario dar un repaso a la situación actual de muchas personas que venden su fuerza de trabajo en el mercado capitalista globalizado en condiciones durísimas, trágicas en muchos casos en los llamados países del tercer mundo, y con retrocesos importantes en los derechos laborales y sociales de la clase trabajadora en los países económicamente desarrollados. El equivalente más parecido a las condiciones de trabajo y vida predominantes en aquellos tiempos que hemos recordado, debemos buscarlo hoy en todos los países pero, sobre todo, en los países en que niños y niñas, mujeres y hombres, son el principal instrumento para producir productos baratos para un consumismo de bajo coste, a expensas de la miseria y de la explotación más despiadadas. Una de las tragedias recientes más terribles fue el 24 de abril de 2013 en Dacca, Bangladesh, en la que un edificio con varias fábricas textiles que trabajaban para exportar a empresas multinacionales de los países “ricos”, entre ellas las españolas, se derrumbó, produciéndose 1127 muertos y 2437 heridos.

Valga esto para afirmar que hoy es más imprescindible que nunca reconstruir pensamiento, discurso, organización, control y dominio del centro de trabajo, de la calle y de las instituciones. Y creo que algo elemental debe ser la educación como uno de los elementos básicos para crear un respeto humano, la justicia e igualdad social para todos y todas, la paz como un derecho inherente al ser humano frente a la guerra como la peor lacra de éste. La educación de la que hablo se imparte en el parvulario, continúa en todo el sistema educativo y se ejerce desde las organizaciones populares, los partidos políticos y sindicatos. Quede claro que algo que define si una organización democrática forma parte de una izquierda real es el énfasis que ponga en la permanente formación de sus militantes, simpatizantes y cuadros. La alegría de compartir, sentirse parte de un colectivo y luchar por su bienestar, ser solidario, no aceptar ni permitir ningún abuso, pueden ser simples ideas y reflexiones para que la izquierda avance hacia un verdadero pensamiento que, anclado en lo mejor de la historia del movimiento obrero, construya su futuro. Ahí las aporto.

Paco Frutos
Francisco Frutos Gras fue Secretario General del Partido Comunista de España (PCE) entre 1998 y 2009. Parlamentario del Congreso de los diputados de 1993 hasta 2004. En diciembre de 1999 encabezó la candidatura de Izquierda Unida a las elecciones generales de marzo del 2000.