Opinión

De la posverdad judicial de la alcaldesa Colau con tintes electoralistas a la verdad de Collboni

enero 25, 2019
LaRepublica.es

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De la posverdad judicial de la alcaldesa Colau con tintes electoralistas a la verdad de Collboni

Ahora que nos acercamos al juicio a los políticos catalanes, que transgredieron groseramente la Constitución y el Estatuto de Autonomía, y que otea en el horizonte el examen democrático que representan las urnas para nuestros responsables municipales al llegar al final de los cuatros años de su gestión, no es difícil que empecemos a encontrarnos en Cataluña con “gestos” interesados hacia aquellos que no persiguen sino el beneficio propio en estas.

La última en apuntarse a esta carrera ha sido la alcaldesa Ada Colau asegurando que el juicio del ‘procés’ es “profundamente injusto” y que atenta contra el Estado de Derecho y los valores democráticos; anunciando junto a familiares, amigos y organizaciones afines que el pleno municipal de Barcelona aprobará este viernes, 25 de enero de 2019, una declaración institucional para reclamar la liberación de los políticos en prisión preventiva.

No le ha bastado a la máxima autoridad barcelonesa con manchar, desde hace meses, el espacio público que representan las instalaciones municipales que controla de la ciudad con símbolos de parte, de una determinada ideología sectaria que no representa a la mayoría de los catalanes y mucho menos de los barceloneses. Nuestra alcaldesa se ha subido al carro de la posverdad (o mentira emotiva) nacionalista distorsionando deliberadamente la realidad, con el fin de crear y modelar la opinión pública e influir en las actitudes sociales, en la que los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales. Del laicismo identitario, que es lo mínimo que se puede exigir a nuestros representantes públicos durante el espacio temporal coyuntural en el que ocupan su cargo, a la confensionalidad obligatoria más penosa… como en los viejos tiempos de la dictadura franquista.

No importa que la verdad sea que los hechos por los que se encausaran, muy probablemente, en febrero próximo a los acusados aludidos, según expertos independientes, puedan tener la calificación de rebelión (Carlos Jiménez Villarejo) o, en su caso, de sedición (Enrique Gimbernat) en paralelo a las acusaciones de la Fiscalía General y de la Abogacía del Estado; ni que los tribunales españoles, mal que les pese a algunas y a algunos, se encuentre entre los menos corregidos por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. La hechicera ha hablado y ha resuelto que la justicia -sólo la española, por supuesto- está politizada. Se hace necesaria mi presencia en Madrid durante el juicio del 1-O y haré de Barcelona altavoz de su causa en Europa. La campaña electoral ya ha comenzado.

Todos los grupos afines del plenario han aplaudido con las orejas a la hechicera; la cual se ha sentido contrariada porque el PSC no se ha ha sumado al “akelarre” que ella interesadamente ha convocado y provocado.

Con un Valls apadrinado por los liberales de Ciudadanos, socio de los “nacionalistas no secesionistas” de Convergència Democràtica de Catalunya -que no olvidemos que desaparecieron bajo las condenas por corrupción- y que le da por manifestarse alegremente junto a los venezolanos que residen en nuestro país -que no son precisamente los más desafortunados-; uno empieza a pensar que la única opción inmediata con posibilidades de éxito que le queda a la Izquierda de cara a las próximas elecciones municipales es un Collboni que, sin hacer ruido pero con un equipo de personas muy bien preparado y con amplia experiencia sobre la realidad que nos envuelve, puede ser la alternativa que nos saque de las ocurrencias, de los pensamientos únicos y, sobre todo, de las posverdades por una temporada; lo cual no es poca cosa viniendo de donde venimos.

Si además el PSC, subrayando su “S” de socialista y difuminando en su logo la “C” hasta igualarla a la anterior inicial, tuviese la visión de Estado para cambiar el rumbo equivocado de estos últimos años, de forma indubitada, sin renunciar a su catalanismo; pero, haciéndolo compatible con el sentimiento de españolidad de la mayoría de barceloneses y catalanes…

Cosas más raras se han visto; pero, pocas serían más provechosas para la inmensa mayoría.

Antonio Francisco Ordóñez
Activista político y miembro de la ASEC/ASIC

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