Sociedad

¿Es el movimiento real fooding una solución al impacto que genera la industria alimentaria?

08/10/2019
Israel Guerra

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¿Es el movimiento real fooding una solución al impacto que genera la industria alimentaria?

El real fooding es un movimiento iniciado hace unos años y puesto en marcha por el nutricionista Carlos Ríos en el que se apuesta de manera decidida por la comida real frente al emporio de los ultraprocesados.

Este movimiento es un estilo de vida basado en comer comida real y potenciar el derecho a una alimentación saludable para la población. Desde su web  indican que es una revolución que lucha con conocimiento y conciencia contra el lado oscuro de la industria alimentaria.

El real fooding tiene su máxima expresión en los realfooders, las personas que se inician en estas prácticas que propone Carlos Ríos para dejar a un lado los alimentos ultraprocesados para pasarse a productos más naturales, más saludables.

Los realfooders no hacen dieta, no intentan pasar hambre con dietas de adelgazamiento, pero tampoco comen galletas 0%, productos light o bajos en calorías. La dieta de los realfooders se basa en comida real, cuidar la salud y disfrutar con ello.

¿Qué tiene de novedoso este movimiento?

Los principios que defiende el real fooding son conocidos desde hace décadas desde la disciplina de la nutrición y la endocrinología. Los especialistas en salud recomiendan tomar productos saludables como base de la dieta, dejando para ingestas moderadas otros productos: procesados, fritos, alimentos muy calóricos…

El movimiento que aboga por la comida real cuenta, eso sí, con gran relevancia mediática y eso ayuda a que cada vez más gente se suma. El real fooding establece los alimentos en tres grandes grupos: la comida real, los buenos procesados y los ultraprocesados.

En la comida real se incluyen: verduras, hortalizas, frutas, legumbres, frutos secos, pesacado y marisco, tubérculos, cereales integrales, huevos, carnes sin procesar, leche fresca, hierbas, especias y semillas, café e infusiones.

Los buenos procesados son aceite de oliva virgen extra, leche, yogures y lácteos fermentados, panes integrales, chocolate negro o cacao en polvo, conservas de pescado, jamón y embutidos ibéricos, quesos, etc.

En el grupo de los ultraprocesados aparecen los refrescos y las bebidas azucaradas, las bebidas energéticas, la bollería, los panes refinados, las carnes procesadas, las pizzas industriales, los precocinados, los pescados procesados, los productos dietéticos…

¿Ayuda el real fooding a reducir el impacto ambiental de la industria alimentaria?

Todo el movimiento que apuesta por la comida real podría parecer que lleva consigo una reducción del impacto ambiental de la industria alimentaria. Pero, ¿es eso cierto? La realidad es que la comida real solo generará menos impacto si a eso se añaden otros principios como el de consumir productos de cercanía y temporada y reducir, en la medida de lo posible, la ingesta de alimentos que en su producción demandan más emisiones de gases de efecto invernadero.

En la actualidad cada vez son más los partidarios que optan por reducir su ingesta de carne y optan por adaptarse a una dieta vegetaríana o vegana. En este sentido, desde la web www.veggunn.com ofrecen complementos vitamínicos naturales. Vegunn es una de las tiendas veganas que más están destacando actualmente.

Por otra parte, el consumo de productos que para su producción requieren menor impacto climático en materia de emisiones de gases de efecto invernadero solo es viable si a eso se suma la cercanía y la temporalidad.

De nada servirá consumir hamburguesas de soja en lugar de hamburguesas de ternera pensando en, por ejemplo, la demanda hídrica asociada a la soja y la ternera, si la soja procede de una plantación intensiva en Paraguay mientras que la ternera procede de ganadería extensiva a apenas unos kilómetros del lugar de consumo.

¿Y los productos ecológicos?

Otra cuestión que está sobre el debate es el de la conveniencia de los productos ecológicos. Con esta denominación ocurre también como con el real fooding, lo que hay tras ella es mucha relevancia mediática y campañas de marketing y publicidad.

Es obvio que los productos ecológicos, y en especial el aceite de oliva, santo y seña de la dieta mediterránea, es favorable para el medo ambiente, pues repercute en poder minimizar el impacto ambiental al tiempo que se mantienen los estilos de vida tradicionales del medio rural.

Para conocer más sobre aceite de oliva ecológico, podemos hacer clic aquí, donde nos muestran algunas de las ventajas de comprar ecológico, que se resumen en productos primarios, comida real sin apenas tratamiento y con sellos de calidad y certificaciones especializadas en Producción Ecológica.

Si en España consumimos productos ecológicos procedentes de Latinoamérica, África Subsahariana, los países nórdicos o el Sudeste Asiático, todo lo que se gana en salud para el organismo se enfrenta al impacto ambiental derivado del transporte de esos alimentos que recorren miles de kilómetros hasta su lugar de venta y consumo.

La conclusión final es que el debate sobre el real fooding, la comida sana, la alimentación ecológica y las dietas encaminadas a reducir el impacto ambiental son interesantes, no cabe duda, pero para ello hay que entender toda la polémica en su conjunto, y no solo dejarse convencer por simples etiquetas.