Sociedad

Salud y calidad de vida en la tercera edad

20/12/2021

Salud y calidad de vida en la tercera edad

En el año 1948 la Organización Mundial de la Salud definía la calidad de vida como: “Un estado de completo bienestar físico, emocional y social y no solo como ausencia de la enfermedad” y aunque luego este concepto se haya ido puliendo y ampliando ya queda muy claro su significado.

Cuando un equipo médico, como los de este hospital en Mallorca, ve necesaria la aplicación de determinados tratamientos en personas ancianas recae sobre él la responsabilidad de sopesar si los riesgos que tiene para el paciente son menores a los beneficios que va a obtener. Y esto es algo que deben poner en conocimiento del enfermo, o de quien le represente, ya que la decisión final es de él.

¿Cómo ayudar a un paciente anciano a elegir?

En primer lugar, hay que tener muy clara cuál es la perspectiva que tiene un paciente sobre lo que es para él calidad de vida, puesto que no en todos, aún en igualdad de condiciones, es la misma.

Si los deseos sobre cómo vivir el tiempo que le quede no son compatibles con las adversidades que de seguro va a traer el tratamiento la decisión es fácil de tomar, pero si el equilibrio beneficio riesgo es frágil la elección es muy compleja.

Por esto la ayuda a la hora de tener que tomar una decisión de este tipo debe ir, en la mayor parte de los casos, de la mano de un especialista en psicología gerontológica.

Muchos ancianos deciden someterse a tratamientos por el mero hecho de no llevar la contraria a los que les rodean o por miedo a equivocarse, y aquí es dónde el especialista entra en juego. Debe apreciar el rendimiento cognitivo del paciente y evaluar si es capaz de comprender todos los aspectos de la medida que está a punto de tomar y ser el punto de apoyo tanto para él como para todos los involucrados.

Hay tratamientos que a pesar de ser invasivos y de no aumentar la expectativa de vida son beneficiosos, ya que con ellos el paciente consigue tener una mejoría notable en su día a día.

Un ejemplo muy claro es el caso de una prótesis articular. Su colocación no va a curar la enfermedad que ha provocado el daño óseo y es una intervención molesta, pero va a permitir que el paciente gane movilidad muy rápido y, por tanto, obtenga el bienestar que desea. En el caso contrario estarían aquellas cuyos resultados, aunque puedan ser excelentes, demoran mucho y no superan la expectativa de vida.

Estos ejemplos vienen a demostrar que la calidad de vida no debe estar nunca supeditada por completo a la salud, y que en pacientes ancianos hay que priorizar el presente más inmediato.

Eliminar una enfermedad grave con métodos agresivos debe requerir siempre de una evaluación objetiva que busque el bienestar de la persona. Esto debería partir de un equipo multidisciplinar que cuente con psicólogos sobre todo en pacientes ancianos a los que les resta poco tiempo de vida.