El incendio de Marshall, que tuvo lugar en 2021, se ha convertido en el más destructivo de la historia de Colorado, arrasando casi 1,000 viviendas y obligando a más de 37,000 residentes del condado de Boulder a evacuar. Este desastre ha puesto de manifiesto no solo la devastación material, sino también las graves consecuencias para la calidad del aire en los hogares afectados.
Impacto en la calidad del aire interior
Nueva investigación llevada a cabo por científicos del Instituto Cooperativo de Investigación en Ciencias Ambientales (CIRES) de la Universidad de Colorado Boulder ha revelado que la calidad del aire en interiores de las casas cercanas a la zona quemada se vio comprometida durante semanas después del incendio. Los niveles de contaminación registrados en esos hogares fueron comparables a los de una ciudad como Los Ángeles en la década de 1990. Estos hallazgos son cruciales para que los afectados evalúen sus opciones al regresar a sus viviendas tras un incendio.
Tras el desastre, algunos residentes encontraron sus hogares reducidos a cenizas, mientras que otros, aliviados, vieron que sus viviendas no habían sufrido daños visibles. Sin embargo, reportaron olores desagradables que persistieron en el interior y una capa de ceniza negra cubría muchas superficies. En respuesta a las preocupaciones de la comunidad, los científicos del CIRES actuaron rápidamente para investigar un tema que no había sido estudiado previamente: la calidad del aire interior inmediatamente después de un incendio en la interfaz urbano-silvestre (WUI, por sus siglas en inglés), donde la urbanización se encuentra con espacios naturales.
Diez días después del incendio, los investigadores instalaron instrumentos en un hogar colindante con una manzana donde las casas habían sido consumidas por las llamas en Superior, Colorado. Los vientos habían arrastrado el humo directamente hacia el interior de la vivienda, y los residentes se quejaron de que el aire olía a hoguera.
Will Dresser, autor principal y estudiante de doctorado en química en CU Boulder, dirigió el estudio junto a los becados del CIRES Joost de Gouw y Christine Wiedinmyer. Dresser señaló que «ningún estudio ha examinado en un entorno real el impacto del humo en espacios interiores tan pronto después de un evento de incendio».
Los resultados de su estudio, publicado recientemente en ACS Environmental Science & Technology Air, confirmaron las sospechas de los residentes: gases perjudiciales para la salud humana quedaron atrapados y persistieron durante semanas tras el incendio.
Resultados y medidas de mitigación
Los incendios en la interfaz urbano-silvestre han aumentado en las últimas décadas, pero la investigación sobre sus efectos en la calidad del aire es limitada. Los materiales que arden en estos incendios —coches, techos, muebles y alfombras— liberan compuestos orgánicos volátiles (COV) que pueden ser más peligrosos. Durante el estudio, los investigadores midieron continuamente más de 50 gases en el aire interior durante cinco semanas.
Los hallazgos clave incluyeron:
- Los COV aromáticos, como el benceno, el tolueno y el naftaleno, que representan riesgos para la salud humana, alcanzaron sus niveles más altos al inicio del estudio. Las concentraciones de COV eran mucho más altas en interiores que en exteriores.
- Las concentraciones de COV aromáticos eran similares a las registradas en Los Ángeles en la década de 1990.
- Los niveles de COV aromáticos disminuyeron rápidamente al principio y luego más lentamente a lo largo del estudio.
- Sin embargo, la velocidad a la que los COV disminuyeron fue más lenta de lo esperado.
Los resultados sugieren que la vivienda actuó como una esponja para los COV durante el incendio y devolvió lentamente estos contaminantes al aire interior. No obstante, el estudio no revela el lugar exacto donde quedaron atrapados los COV.
Los investigadores también probaron métodos para mitigar los olores y las concentraciones de COV en interiores. Abrir las ventanas para aumentar la circulación del aire resultó efectivo, ya que los niveles de COV disminuyeron. Sin embargo, al cerrar las ventanas, las concentraciones volvieron a aumentar. Asimismo, construyeron purificadores de aire caseros con ventiladores y filtros de aire con carbón activado, que eliminaron los COV en menos de una hora, pero los niveles se dispararon nuevamente al apagar los ventiladores.
Aunque esta investigación es pionera, es importante tener en cuenta que los resultados se basan en un único hogar tras un incendio en la WUI. Diferentes circunstancias, como la mala calidad del aire exterior, vientos fuertes o nuevos materiales quemados, podrían tener distintos impactos ambientales.
De cara al futuro, los científicos prevén un aumento en la frecuencia y velocidad de los incendios en la interfaz urbano-silvestre. Dresser resalta que es fundamental estar informado, y los resultados del estudio pueden ayudar a los residentes a decidir si es seguro regresar a sus hogares tras un incendio forestal. «Creo que nuestro estudio aporta datos y perspectiva a esa narrativa», concluyó Dresser, haciendo hincapié en la relevancia de estos impactos para aquellos que regresan a áreas afectadas por incendios en la WUI.
