Un reciente avance en la investigación científica ha revelado que los satélites de la NASA, en colaboración con el Instituto Smithsoniano, podrían desempeñar un papel crucial en la detección temprana de erupciones volcánicas. Este estudio se basa en la observación de cambios en la vegetación que pueden indicar un aumento de actividad volcánica, un fenómeno que puede salvar vidas en regiones propensas a estos desastres naturales.
El papel de la vegetación en la detección volcánica
Cuando el magma asciende a través de la corteza terrestre, libera dióxido de carbono y otros gases que, al llegar a la superficie, afectan a la vegetación circundante. Las plantas que absorben este dióxido de carbono tienden a volverse más verdes y frondosas, una modificación que es detectable a través de imágenes satelitales, como las proporcionadas por el satélite Landsat 8.
El 10% de la población mundial reside en áreas vulnerables a los peligros volcánicos, enfrentándose a amenazas que van desde rocas expulsadas hasta flujos de gases tóxicos. La imposibilidad de prevenir erupciones volcánicas hace que la identificación de señales tempranas de actividad sea fundamental para la seguridad pública, especialmente en países como Estados Unidos, que se encuentra entre los más activos en términos de volcanismo.
Los volcanólogos, como Florian Schwandner, jefe de la División de Ciencias de la Tierra en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, subrayan que el objetivo de estas investigaciones es mejorar los sistemas de alerta temprana existentes. Aunque las emisiones de dióxido de carbono volcánico son a menudo difíciles de detectar desde el espacio debido a la presencia de dióxido de carbono ambiental, nuevas metodologías están comenzando a ofrecer soluciones prometedoras.
La detección remota de la «verdecimiento» de la vegetación podría proporcionar a los científicos una herramienta adicional, junto con las ondas sísmicas y cambios en la altura del terreno, para entender mejor lo que sucede bajo un volcán. Sin embargo, la investigación aún enfrenta desafíos significativos, especialmente en la validación en el terreno de las imágenes satelitales.
Investigadores como Josh Fisher de la Universidad de Chapman están trabajando para abordar estas cuestiones, analizando muestras de hojas y midiendo los niveles de dióxido de carbono cerca de volcanes activos como el Rincón de la Vieja en Costa Rica. Este enfoque interdisciplinario, que combina ecología y volcanología, busca no solo detectar cambios en emisiones volcánicas, sino también entender cómo los árboles responden a niveles elevados de dióxido de carbono, lo que podría ofrecer una visión del futuro de nuestro planeta.
A pesar de las limitaciones que conlleva el uso de árboles como indicadores de dióxido de carbono volcánico, los resultados preliminares son alentadores. Schwandner recuerda la importancia de la tecnología y la colaboración en la prevención de desastres. En 2017, gracias a un sistema de detección mejorado, más de 56,000 personas fueron evacuadas de la zona alrededor del volcán Mayon en Filipinas antes de una erupción masiva, lo que permitió evitar tragedias humanas.
La integración de imágenes satelitales y el estudio de la vegetación en la vigilancia volcánica podría, en un futuro cercano, ofrecer a los científicos una manera más efectiva de monitorear la actividad de los volcanes y, de esta forma, mejorar las alertas de erupción, incrementando la seguridad de las comunidades en riesgo.
