El debate sobre cuál es el restaurante más antiguo del mundo se intensifica en Madrid, donde dos tabernas familiares se disputan el prestigioso título. Por un lado, Sobrino de Botín, reconocido por el Guinness World Records como el restaurante más antiguo del mundo, y por otro, Casa Pedro, que reclama haber estado en funcionamiento desde 1702, anterior a la fundación de Botín en 1725.
Sobrino de Botín, situado cerca de la Plaza Mayor, ha atraído a numerosas figuras literarias y artísticas a lo largo de los años, incluyendo a Truman Capote y Ernest Hemingway, quien lo mencionó en su obra «Fiesta». La taberna celebró recientemente su 300 aniversario, un hito que reafirma su legado en la gastronomía española.
Casa Pedro, en cambio, se encuentra en las afueras de Madrid y busca demostrar su antigüedad mediante la investigación histórica. La gerente Irene Guiñales, octava generación de propietarios, ha contratado a un historiador para rastrear documentos que corroboren la operación del establecimiento desde 1702. Hasta el momento, han encontrado evidencia que data su funcionamiento al menos desde 1750, pero la búsqueda de pruebas más antiguas continúa.
Para validar sus reivindicaciones, el proceso de reconocimiento de Guinness implica la presentación de una documentación sustancial que demuestre la operación continua del restaurante en la misma ubicación y con el mismo nombre. Antonio González, actual propietario de Botín, afirma que su establecimiento cumplió con estos requisitos, siendo la única interrupción en su actividad durante la pandemia.
El asunto se complica aún más con la aparición de La Campana, una trattoria en Roma que también reclama ser más antigua, con más de 500 años de historia. Sus propietarios han comenzado a recopilar la documentación necesaria para presentar su candidatura a Guinness, lo que podría cambiar la dinámica de la competencia entre los tres restaurantes.
El enfrentamiento entre estas casas de comida no solo es una cuestión de orgullo familiar, sino que también plantea interrogantes sobre la autenticidad y la continuidad en la tradición gastronómica. El interés por el patrimonio culinario y su historia resuena en la cultura española, y la resolución de este debate podría tener implicaciones significativas para la identidad de estos emblemáticos establecimientos.
