Descubrimiento de nuevas especies de arañas de mar en los respiraderos de metano
El metano, conocido por sus efectos perjudiciales en la atmósfera terrestre, puede desempeñar un papel vital en los ecosistemas marinos profundos. Un equipo de científicos ha descubierto tres especies de arañas de mar previamente desconocidas frente a la costa oeste de Estados Unidos, que parecen haber desarrollado una relación simbiótica con bacterias que se alimentan del gas metano que burbujea desde el fondo del océano. Este hallazgo se enmarca en el estudio de hábitats marinos poco explorados, conocidos como respiraderos de metano, que se encuentran a miles de pies de profundidad.
En este tipo de simbiosis, las bacterias colonizan la superficie de los exoesqueletos de las arañas de mar. A cambio, los microorganismos convierten el metano y el oxígeno ricos en carbono en azúcares y grasas que las arañas pueden consumir. Shana Goffredi, profesora y responsable del estudio, explica que este método de obtención de nutrientes es inédito en las arañas de mar. A diferencia de otras especies que utilizan apéndices para capturar presas, estas nuevas arañas, pertenecientes al género Sericosura, parecen más bien actuar como agricultores que cosechan bacterias de su propio cuerpo.
La investigadora señala que es posible que estas arañas y sus bacterias desempeñen un papel crucial en la regulación del metano, un gas que se cree contribuye al calentamiento global, al impedir que este gas llegue a la atmósfera. Goffredi destaca la interconexión de todos los organismos en el océano y la importancia de comprender estos ecosistemas para poder utilizarlos de forma sostenible.
Un ecosistema único en la oscuridad del océano
Las nuevas especies de Sericosura, que miden aproximadamente 1 centímetro y son translúcidas, habitan en un entorno donde la luz solar no llega. Para sobrevivir en esta oscuridad, los microorganismos han evolucionado para utilizar productos químicos en lugar de la luz solar como fuente de energía. Cuando los organismos marinos mueren, se hunden y, durante el proceso de descomposición, se libera metano que escapa a través de los sedimentos en forma de burbujas. Estas bacterias se adhieren a los animales marinos para alimentarse de este gas, en lugar de dispersarse en la columna de agua.
El análisis isotópico de los tejidos de las arañas ha demostrado que las bacterias no solo se aprovechan de ellas, sino que también son consumidas por las arañas. Este tipo de simbiosis ha sido observado por primera vez en arañas de mar, aunque se sabe que otros organismos de aguas profundas, como los gusanos tubulares y las esponjas, también comparten esta dieta especial. Goffredi sugiere que, dado el papel importante que desempeñan los ecosistemas de aguas profundas en la mitigación del metano, los microorganismos encontrados en las arañas de Sericosura podrían ser útiles en la reducción de contaminantes en aguas de otros entornos.
El estudio también revela que, debido a su pequeño tamaño, las arañas de mar tienen órganos localizados en sus apéndices. Durante la reproducción, las hembras liberan cientos de huevos que los machos recogen en sacos alrededor de sus patas. Tras la eclosión, las crías ya cuentan con un suministro inicial de bacterias, lo que les proporciona una fuente temprana de alimento. Este descubrimiento abre nuevas vías para investigar la herencia del microbioma en los animales, un aspecto que podría tener implicaciones en la comprensión de la transmisión de bacterias intestinales en humanos.
Goffredi concluye que la exploración continua del fondo marino podría revelar más especies de arañas de mar y subraya la necesidad de un enfoque cauteloso en la explotación de estos hábitats únicos, que son cruciales para la biodiversidad y la salud del océano.
