DUBAI, Emiratos Árabes Unidos — La República Islámica de Irán se enfrenta a la posibilidad de que sus instalaciones nucleares más importantes sean atacadas por un bombardeo estadounidense de 30,000 libras. Funcionarios de la Casa Blanca han indicado que el presidente de EE. UU., Donald Trump, está considerando diversas opciones, incluida una ofensiva directa contra Irán, tras haber afirmado repetidamente que su administración no permitirá que Teherán continúe con su programa nuclear ni alcance la capacidad de fabricación de armas nucleares.
Trump ha exigido la «rendición incondicional» de Irán y ha insinuado en redes sociales que EE. UU. tiene la capacidad de eliminar al líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei. A pesar de sus amenazas, el contexto de este conflicto es complejo y no se puede reducir a un simple ataque militar.
La escalada de tensiones, provocada por los inesperados ataques de Israel a instalaciones militares y nucleares iraníes el 13 de junio, ha provocado un aumento en los precios del petróleo y ha puesto en alerta a una región ya convulsa. Aunque Trump mostró inicialmente disposición para entablar diálogos con Teherán, sus declaraciones se han vuelto cada vez más hostiles.
Destruir el programa nuclear de Irán —que Teherán sostiene que es únicamente con fines de energía civil— no es una tarea sencilla. La planta de Fordo, ubicada en el noroeste de Irán, es una de las más avanzadas y está construida a 300 pies bajo tierra, reforzada con capas de concreto. Este tipo de fortaleza solo puede ser penetrada por el arma GBU-57, conocida como «bunker buster», que solo EE. UU. posee, así como los aviones necesarios para su transporte, como el bombardero furtivo B-2 Spirit.
Un conflicto de mayores dimensiones
Israel ha mostrado un gran interés en la participación de EE. UU. en sus operaciones ofensivas contra Irán. Sin embargo, un ataque no garantizaría una victoria rápida, ya que los expertos militares advierten sobre la necesidad de múltiples bombardeos para asegurar un daño considerable en las instalaciones. Además, la incertidumbre sobre la efectividad de los ataques podría llevar a la necesidad de una intervención terrestre para evaluar los daños y recopilar inteligencia.
A pesar de la degradación de las capacidades militares de Irán tras los recientes ataques israelíes, un ataque estadounidense podría desencadenar represalias por parte de Teherán, apuntando a activos estadounidenses en la región, como embajadas y bases militares. Trump ha dejado claro que cualquier ataque a personal estadounidense provocaría una respuesta contundente, lo que podría arrastrar a EE. UU. a un conflicto regional más amplio.
Las proyecciones sobre la duración y la escala del conflicto dependen de la capacidad de Irán para mantener su programa nuclear y de las decisiones que tome la Casa Blanca en los próximos días. La planta de Fordo, si sigue operativa, podría permitir a Irán continuar su avance en la materia, mientras que el enfoque militar de EE. UU. y sus aliados podría complicar aún más la situación.
El director del proyecto Irán en Crisis Group, Ali Vaez, opina que Irán podría sobrevivir y reconstruir su programa nuclear, incluso sin un acuerdo diplomático con EE. UU. «El ingreso de EE. UU. a la guerra cerraría la puerta a la diplomacia», advierte. Trump podría lograr destruir Fordo, pero no podrá borrar el conocimiento que Irán ya ha adquirido para el desarrollo de armas nucleares.
