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Tensión entre Israel e Irán: ¿Intervendrá finalmente EE. UU. en el conflicto?

In Internacional
junio 19, 2025

El conflicto entre Israel e Irán ha entrado en su séptimo día sin señales de desescalada. Lo que comenzó el 13 de junio con un masivo ataque aéreo israelí contra instalaciones nucleares y militares iraníes ha desencadenado un ciclo volátil de represalias, con Irán lanzando ataques de respuesta. En medio de esta creciente tensión, surgen interrogantes sobre el papel de Estados Unidos, que hasta ahora ha adoptado una postura cautelosa.

Un aumento en la disuasión militar de Estados Unidos

Inicialmente, Washington mantuvo una distancia prudente al estallar el conflicto, pero recientemente ha desplegado activos militares significativos en la región. Según informes, el portaaviones USS Nimitz ha abandonado el Mar de China Meridional y se dirige hacia Oriente Medio para unirse al grupo de ataque del portaaviones Carl Vinson, creando así una presencia de doble portaaviones. Más de 30 aviones de reabastecimiento de la Fuerza Aérea de EE.UU. han aterrizado en bases europeas, lo que sugiere preparativos para posibles ataques de largo alcance. Cazas como los F-16, F-22 y F-35 están siendo reposicionados en la zona.

Los expertos consideran que estos movimientos indican que Washington se está preparando tanto para disuadir como para intervenir directamente. Sin embargo, la participación directa de EE.UU. sigue siendo incierta, influenciada por la política interna, los cambios en el campo de batalla y las preocupaciones sobre quedar atrapado en otra guerra prolongada en Oriente Medio. Mientras algunos analistas prevén que los combates continuarán durante semanas, también creen que una guerra total y prolongada es poco probable, dada la limitación militar de ambas partes y la creciente presión internacional por la desescalada.

El presidente Donald Trump ha mantenido una ambigüedad estratégica respecto a la intervención directa. Según el Wall Street Journal, Trump aprobó planes de ataque contra Irán, pero se ha mostrado reacio a emitir órdenes finales, a menos que Teherán acceda a abandonar su programa nuclear. Esta vacilación se debe a preocupaciones estratégicas, ya que uno de los objetivos clave en consideración es la instalación nuclear de Fordow, profundamente enterrada y vulnerable solo a las bombas de penetración más potentes, capacidades que Israel carece y que insta a EE.UU. a utilizar. Sin embargo, Trump desea asegurarse de que cualquier ataque no solo sea efectivo, sino que también evite arrastrar a EE.UU. a otra guerra prolongada.

A pesar de que Trump está autorizando preparativos militares, también mantiene la puerta abierta a la diplomacia, rechazando una propuesta israelí para asesinar al líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei. El miércoles, declaró que un acuerdo con Irán sigue siendo posible, aludiendo a que Irán ha mostrado interés en negociaciones e incluso ha propuesto una visita a la Casa Blanca.

Los analistas advierten que estas señales contradictorias reflejan la lucha de EE.UU. por equilibrar sus obligaciones con los aliados y sus intereses nacionales: apoyar a Israel mientras se evita un quagmire regional. La decisión de intervenir directamente de Washington dependerá de tres factores clave: la capacidad de Israel para actuar solo, el riesgo de bajas estadounidenses y la seguridad de Israel. Si Israel no puede neutralizar el programa nuclear de Irán o forzar a Teherán a desistir, es posible que Washington se sienta obligado a intervenir. Cualquier ataque iraní a bases o personal estadounidenses podría disparar represalias, y daños significativos en el territorio o civiles israelíes podrían arrastrar a EE.UU. a un conflicto más profundo.

Por otro lado, la opinión pública en EE.UU. se opone firmemente a la intervención militar directa en el conflicto Israel-Irán. Una reciente encuesta de Economist-YouGov indicó que el 60 por ciento de los estadounidenses se opone a la intervención, mientras que solo el 16 por ciento la apoya. Esta reticencia se ve influenciada por las costosas guerras en Irak y Afganistán. Además, Trump enfrenta divisiones internas dentro de su propia base política: los halcones republicanos tradicionales respaldan firmemente a Israel, pero una facción vocal «America First» rechaza nuevos enredos militares, viéndolos como traiciones a la postura no intervencionista de Trump.

Con un enfoque estratégico de EE.UU. que se ha desplazado hacia el Indo-Pacífico, Washington es reacio a desviar recursos de nuevo hacia Oriente Medio. Los analistas prevén que las hostilidades directas entre Israel e Irán pueden continuar durante semanas, aunque una guerra total parece poco probable. Israel cuenta con ventaja en tecnología militar, pero eliminar completamente las capacidades nucleares y de misiles de Irán resulta poco realista. Por su parte, Irán, aunque capaz de causar daños, carece de los medios para amenazar la supervivencia de Israel. Se espera que ambas partes muestren moderación bajo mediación internacional y eventualmente alcancen un alto el fuego tácito a través de negociaciones discretas.

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