Estados Unidos se enfrenta a su primera ola de calor significativa del año, que comenzó el pasado viernes y se extiende desde las Grandes Llanuras hacia partes del Medio Oeste y los Grandes Lagos, según ha informado el Servicio Nacional de Meteorología (NWS).
La ola de calor se intensificará a medida que se desplace hacia la costa este a principios de la próxima semana, con temperaturas que alcanzarán el nivel más alto en la herramienta HeatRisk del NWS: el Nivel 4, o «Extremo». Esta situación climática pone en alerta a las autoridades, que han advertido sobre la posibilidad de establecer numerosos récords de temperaturas diarias y mínimas cálidas.
Se prevé que la capital estadounidense, Washington D.C., registre máximas de 37 grados Celsius el lunes y 38 grados Celsius el martes. Este nivel de calor puede resultar peligroso para cualquier persona que no tenga acceso a un enfriamiento eficaz y a una hidratación adecuada, especialmente para aquellos que realicen actividades al aire libre durante períodos prolongados.
Medidas de prevención y alerta
La oficina del alcalde ha anunciado la apertura de centros de enfriamiento, que incluyen centros recreativos y bibliotecas, durante el horario laboral. Además, se ha garantizado el acceso a refugios para las personas sin hogar, quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad ante las altas temperaturas.
En áreas urbanas como Washington, Baltimore, Filadelfia y Nueva York, las mínimas nocturnas podrían permanecer alrededor de 27 grados Celsius, lo que complica aún más la situación para aquellos que no cuentan con medios de climatización adecuados.
Este fenómeno extremo se ve agravado por el cambio climático provocado por la actividad humana. En este sentido, 2024 se ha registrado como el año más cálido del que se tiene constancia a nivel global, y se espera que 2025 se sitúe entre los tres más calurosos. La comunidad científica continúa subrayando la necesidad urgente de adoptar medidas para mitigar el impacto del calentamiento global y sus consecuencias en la salud pública.
La situación actual debe servir como un recordatorio de la importancia de la preparación ante fenómenos climáticos extremos, así como la necesidad de políticas efectivas que protejan a la población más vulnerable.
