Un poderoso terremoto de magnitud 7.7 sacudió Myanmar el 28 de marzo de 2025, convirtiéndose en una catástrofe generalizada debido al colapso de edificios vulnerables. Este trágico evento, que provocó la mayoría de las muertes y destrucción, ha sido analizado en un reciente informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-INWEH).
Los investigadores de la UNU utilizaron datos de radar de apertura sintética (SAR) del satélite Sentinel-1 para evaluar los daños en ciudades gravemente afectadas como Mandalay, Pyin Oo Lwin, Madaya, Kyaukse, Sagaing, Shwebo y Woundwin. Los hallazgos clave del informe revelan una destrucción generalizada, con más de 157,000 edificios identificados como potencialmente dañados.
El impacto humano fue devastador, con un estimado de entre 3,600 y 5,350 muertes, y aproximadamente 200,000 personas quedaron sin hogar. La magnitud de los daños varió geográficamente; la ciudad de Woundwin reportó la mayor proporción de daños, con el 73% de sus edificios afectados, mientras que en Mandalay, un importante centro urbano, el 36% sufrió daños.
Además, la devastación incluyó la destrucción de infraestructuras críticas, con al menos tres hospitales destruidos y 22 parcialmente dañados, lo que interrumpió servicios vitales de agua y energía. La tragedia también tuvo un impacto significativo en el patrimonio cultural, con miles de sitios históricos, incluidas antiguas pagodas y monasterios, que sufrieron daños.
Según el Dr. Manoochehr Shirzaei, autor principal del informe y científico jefe del laboratorio de inteligencia ambiental global de UNU-INWEH, «esta terremoto fue una tragedia a gran escala, pero no fue una sorpresa. La inmensa pérdida de vidas y propiedades fue el resultado directo del colapso generalizado de edificios vulnerables».
Análisis de la vulnerabilidad estructural y recomendaciones
El informe identifica la causa principal de las pérdidas catastróficas en la prevalencia de estructuras no diseñadas adecuadamente, como la mampostería sin refuerzo, que son altamente vulnerables a los movimientos sísmicos. Estos déficits técnicos se vieron agravados por problemas de gobernanza sistémica, incluida la insuficiente aplicación del Código Nacional de Construcción de Myanmar de 2016 y las complejidades de la situación política y de seguridad del país.
El análisis subraya que la vulnerabilidad sísmica de Myanmar es un problema complejo que surge de la intersección de deficiencias técnicas, brechas de gobernanza y fragilidad socioeconómica. El profesor Kaveh Madani, director de UNU-INWEH, sostiene que «los impactos devastadores de los terremotos y otros desastres naturales son prevenibles». Resalta que «los códigos de construcción, la planificación del uso del suelo y la educación pública no son solo políticas en papel, sino herramientas vitales para salvar vidas».
Para construir una resiliencia futura, el informe ofrece varias recomendaciones. Se enfatiza la importancia de adoptar y hacer cumplir de manera rigurosa códigos de construcción sísmicamente modernos, una de las estrategias más rentables para proteger a las comunidades. También se llama a priorizar la rehabilitación de edificios vulnerables existentes, especialmente las estructuras más antiguas, así como instalaciones críticas como hospitales y escuelas, y sitios de patrimonio cultural irremplazables.
Junto a las mejoras estructurales, se recomienda implementar una planificación del uso del suelo efectiva para limitar la construcción en áreas con altos riesgos sísmicos. Finalmente, el informe destaca la necesidad de invertir en concienciación pública, educación sobre desastres, diseño de edificios resilientes, rehabilitación específica y formación integral para ingenieros y constructores, asegurando que estas medidas cruciales de mitigación sean comprendidas e implementadas adecuadamente.
