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Estudio revela que políticas fiscales pueden reducir significativamente el impacto ambiental de la alimentación

In Sin categoría
junio 21, 2025

Un estudio realizado por la Universidad del País Vasco (EHU) ha puesto de manifiesto la eficacia de determinadas políticas fiscales para reducir la huella ambiental del consumo de alimentos. Los investigadores del grupo de investigación BIRTE han analizado cómo diferentes combinaciones de impuestos y subsidios pueden contribuir a la disminución de las emisiones de carbono, el uso de agua y el desperdicio de alimentos asociados a la alimentación.

Los hallazgos indican que un incremento generalizado de impuestos sobre todos los productos no resulta tan efectivo como la aplicación de políticas diferenciales que gravan o subsidian categorías alimentarias específicas. Asimismo, se subraya la necesidad de diseñar políticas diferenciadas en función de los objetivos a alcanzar. La investigación se ha publicado en la revista Ecological Economics.

Estrategias fiscales dirigidas y su impacto ambiental

El impacto ambiental de la alimentación es considerable, ya que la producción, procesamiento, transporte, preparación y consumo de alimentos requieren grandes cantidades de agua, generan altas emisiones de carbono y producen desperdicios. Sin embargo, no todos los productos tienen el mismo impacto ambiental. Por ejemplo, la producción de cereales demanda numerosos litros de agua, mientras que la carne es un gran generador de gases de efecto invernadero. Por lo tanto, la elección de alimentos que hacemos influye en nuestra salud y en la del planeta. Cambiar nuestra dieta implica modificar nuestra huella ambiental.

La investigación de la EHU se centra en los factores económicos que podrían motivar cambios en nuestra alimentación, particularmente en el potencial de las políticas fiscales para mitigar la huella ambiental. María José Gutiérrez, profesora de análisis económico en la EHU, explica que los cambios en los precios de los alimentos alteran la composición de la cesta de la compra, lo que a su vez afecta el impacto ambiental. Por ello, se ha analizado cómo la imposición de impuestos y los subsidios a ciertos alimentos influyen en los hábitos de consumo de la población.

Para llevar a cabo el estudio, se utilizó la base de datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, que proporciona información detallada sobre la composición mensual de la cesta de la compra de un hogar medio durante un periodo de 20 años. A través de herramientas estadísticas, los investigadores pudieron estimar cómo respondería la población a diferentes combinaciones de impuestos y subsidios, identificando qué alimentos dejarían de consumir y cuáles aumentarían en su compra. Posteriormente, se calculó el impacto ambiental de cada cesta de la compra resultante.

Entre los resultados, Gutiérrez destaca que las políticas fiscales pueden ser herramientas efectivas para reducir la huella ambiental de los alimentos. Sin embargo, se comprobó que las políticas generales, como un aumento del 20% en el IVA de todos los productos alimentarios, solo reducirían la huella de carbono en un 3% y el uso de agua y desperdicio de alimentos en menos del 1%. En contraste, las políticas diferenciales, que gravan ciertos alimentos y subsidian otros, demostraron ser más exitosas, con reducciones de hasta el 18% en la huella de carbono y un 11% en el uso de agua.

El estudio también subraya la importancia de establecer prioridades al diseñar políticas fiscales, ya que no existen combinaciones que logren una reducción significativa en todos los tipos de impactos ambientales. Por ejemplo, se identificaron combinaciones que podrían mitigar los tres impactos ambientales, como subsidios del 20% a legumbres, oleaginosas, cereales y mariscos, mientras se gravan en la misma medida la carne, frutas, verduras, huevos y lácteos. Este enfoque podría reducir la huella de agua en un 11%, la huella de carbono en un 9% y la huella de desperdicio de alimentos en un 4%.

Finalmente, el estudio resalta que para que las políticas fiscales tengan un impacto significativo, los aumentos y disminuciones de precios deben ser sustanciales. Esto se debe a que la demanda de alimentos es lo que los economistas denominan ‘inelástica’. Por ejemplo, un incremento del 1% en el precio de los cereales provoca una disminución del 0.53% en su consumo. Por lo tanto, se requieren cambios de precios más drásticos para observar alteraciones significativas en el comportamiento del consumidor.

El estudio también advierte sobre los efectos colaterales de las políticas fiscales aplicadas a los alimentos, incluyendo posibles consecuencias sociales y nutricionales. Aumentar impuestos sobre alimentos que forman parte de la dieta básica de poblaciones vulnerables podría ser contraproducente, así como gravar frutas y verduras con el objetivo de reducir el uso de agua, lo que podría resultar en una disminución del consumo de estos alimentos esenciales.

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