Un estudio reciente liderado por investigadores de la Universidad de Oulu, en Finlandia, ha revelado cambios significativos en la morfología craneal de los lobos en Escandinavia, lo que indica un importante recambio poblacional durante el siglo XX. Esta investigación, publicada en la revista Royal Society Open Science, muestra que los lobos modernos de Fennoscandia presentan diferencias notables en su forma craneal en comparación con sus antepasados históricos. Estos cambios coinciden con los reemplazos genéticos que ocurrieron tras la extinción en Noruega y Suecia, así como la casi extinción en Finlandia.
Utilizando técnicas avanzadas de imagen en 3D y morfometría geométrica, el equipo analizó 84 cráneos de lobos recolectados a lo largo de los últimos 200 años. Los resultados revelan que los lobos escandinavos modernos en Noruega y Suecia tienen huesos frontales más anchos, pómulos más altos y hocicos más inclinados hacia abajo en comparación con los lobos que habitaban la región antes del colapso poblacional de los años 60. En Finlandia, se observaron cambios similares, aunque menos pronunciados.
La autora principal del estudio, la investigadora doctoral Dominika Bujnáková del Unidad de Ecología y Genética de la Universidad de Oulu, señala que «estos cambios morfológicos reflejan las alteraciones genéticas que se produjeron cuando las poblaciones de lobos fueron diezmadas por la caza y posteriormente restablecidas por un pequeño número de inmigrantes».
Impacto de la Disponibilidad de Presas y el Contexto de los Especímenes
El estudio también sugiere que los cambios en la disponibilidad de presas, particularmente la recuperación de las poblaciones de alces, podrían haber influido en la forma craneal de los lobos, ya que estos pasaron de cazar presas más pequeñas a cazar alces. Además, los investigadores encontraron que los lobos nacidos en zoológicos y los especímenes de museo sin datar mostraban características craneales distintas, lo que destaca la importancia del contexto al interpretar los datos morfológicos.
Este estudio proporciona nuevas perspectivas sobre cómo los factores ambientales y genéticos interactúan para moldear la morfología animal a lo largo del tiempo. «Los resultados sirven como un recordatorio de que tanto las actividades humanas directas como indirectas pueden dejar marcas duraderas en la vida silvestre, no solo en sus genes, sino también en su apariencia y comportamiento», concluye Bujnáková. La investigación resalta también el valor de las colecciones de museos y las técnicas modernas de imagen en el seguimiento de los cambios a largo plazo en las poblaciones de vida silvestre.
