El pasado 27 de junio de 2025, Rwanda y la República Democrática del Congo (RDC) firmaron un acuerdo de paz mediado por Estados Unidos, que ha suscitado expectativas sobre la posibilidad de poner fin a un conflicto que ha costado miles de vidas y ha desplazado a cientos de miles de personas en el último año. Este acuerdo se erige como un hito en las negociaciones llevadas a cabo por la administración del presidente Donald Trump, cuyo objetivo es atraer inversiones occidentales millonarias a una región rica en minerales como el tantalio, oro, cobalto, cobre y litio.
La ceremonia de firma tuvo lugar en Washington, donde los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, Olivier Nduhungirehe de Rwanda y Therese Kayikwamba Wagner de la RDC, sellaron el compromiso de implementar un acuerdo previo de 2024. Este acuerdo estipula que las tropas rwandesas se retirarán del este de la RDC en un plazo de 90 días. Además, se establece la creación de un marco de integración económica regional en el mismo período.
Un paso crucial hacia la paz y el desarrollo
El ministro de Relaciones Exteriores de Rwanda, Nduhungirehe, calificó este acuerdo como un punto de inflexión, mientras que su homóloga de la RDC, Kayikwamba Wagner, subrayó la necesidad de que este pacto vaya acompañado de un proceso de desescalada. Durante la reunión en la Oficina Oval, Trump se reunió con ambos funcionarios y les extendió invitaciones para que los presidentes Félix Tshisekedi de la RDC y Paul Kagame de Rwanda viajen a Washington para firmar un paquete de acuerdos, denominado «Washington Accord» por Massad Boulos, asesor principal de Trump para África.
Nduhungirehe aprovechó la ocasión para recordar a Trump que acuerdos previos no habían sido implementados y destacó la importancia de mantener el compromiso de Estados Unidos en el proceso. Trump, por su parte, advirtió sobre las «sanciones muy severas, financieras y de otro tipo» que se impondrían si el acuerdo fuera violado, lo que añade un nivel de presión para el cumplimiento de los términos establecidos.
El contexto de este acuerdo es crucial, ya que la región ha sido históricamente afectada por tensiones étnicas y conflictos armados, exacerbados por la intervención de actores externos y la lucha por el control de sus abundantes recursos naturales. La comunidad internacional observa con atención los próximos pasos de ambos países, esperando que este acuerdo no solo ponga fin a la violencia, sino que también fomente un desarrollo económico sostenible en una de las áreas más ricas del mundo en recursos minerales.
