En la oscuridad de la noche en la playa de Braamspunt, cerca de Paramaribo, la capital de Surinam, un grupo de tortugas marinas recién nacidas lucha por llegar al océano. Este fenómeno, que ha sido parte del ciclo natural de la vida marina en la región durante años, se ve amenazado por un problema crítico: la erosión costera provocada por el aumento del nivel del mar, vinculado al cambio climático.
Las tortugas laúd y las tortugas verdes, especies en peligro de extinción, han utilizado esta playa para anidar, pero la franja de tierra que se extiende por la desembocadura del río Surinam está desapareciendo rápidamente. Según Kiran Soekhoe Balrampersad, un guía que acompaña a turistas en expediciones para observar la anidación de tortugas, la situación es alarmante: «Quizás tengamos una temporada más, pero después ya no habrá playa», lamenta.
Surinam, el país más pequeño de América del Sur, es uno de los lugares más vulnerables del mundo ante el aumento del nivel del mar. Casi el 70% de su población, que asciende a 600,000 habitantes, vive en zonas costeras de bajo nivel, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU. Gandat Sheinderpesad, un agricultor de 56 años, expresa su desesperación: «Cada día veo cómo desaparece un trozo de mi tierra».
Las autoridades locales han estado buscando soluciones durante años para combatir la erosión. El ministro de Obras Públicas, Riad Nurmohamed, señala que «algunas áreas no son problemáticas porque tenemos 5, 10 e incluso 20 kilómetros de manglares que actúan como un amortiguador entre las olas y la costa», pero cerca de Paramaribo, solo hay un kilómetro, lo que convierte a esta zona en un lugar extremadamente vulnerable.
En 2020, se lanzó un programa para restaurar los manglares de la capital, buscando mitigar el impacto del mar. Sin embargo, cinco años después, el experto en cambio climático Sienwnath Naqal observa una escena desoladora: «El agua ha penetrado en los manglares, que han sido destruidos», explica. La erosión también se ha visto agravada por la extracción de arena en la desembocadura del estuario de Paramaribo, destinada a facilitar el paso de embarcaciones hacia el puerto.
La construcción de un dique como última esperanza
Con el agua acercándose amenazadoramente a los pies de los 240,000 habitantes de Paramaribo, el gobierno de Surinam ha decidido construir un dique. Para Sheinderpesad, esta barrera representa su última oportunidad de permanecer en su tierra. «No tengo a dónde ir. Cuando tengamos el dique, estaré más seguro, aunque no sé por cuánto tiempo», comenta.
La construcción del dique, que tendrá una longitud de 4.5 kilómetros y costará 11 millones de dólares, será financiada por el gobierno. «Si buscamos donantes, puede pasar mucho tiempo antes de que podamos comenzar a construir. No tenemos tiempo que perder, seremos inundados», advierte Nurmohamed.
Sin embargo, tapar un agujero en las defensas marítimas del país no será suficiente para mantener a raya al poderoso Atlántico. El gobierno planea reforzar toda la red de diques a lo largo de los 380 kilómetros de costa del país, pero todavía no está claro de dónde obtendrá los fondos necesarios para esta enorme inversión. La reciente explotación de yacimientos de petróleo offshore podría ser la solución. El año pasado, el grupo francés TotalEnergies anunció un proyecto de 10.5 mil millones de dólares para explotar un campo petrolero frente a la costa de Surinam, con una capacidad estimada de producción de 220,000 barriles por día.
