Un nuevo estudio publicado en Nature Communications ha revelado que el 17,31% de la cobertura arbórea tropical, una extensión que abarca 395,9 millones de hectáreas, ha sido sistemáticamente ignorada por los sistemas globales de monitoreo forestal. Esta omisión expone significativas lagunas en los esfuerzos por rastrear la deforestación y la degradación ecológica.
Utilizando imágenes satelitales de alta resolución (con una precisión inferior a 5 metros) y un algoritmo automatizado avanzado, un equipo de investigación internacional ha mapeado la cobertura arbórea previamente no detectada (PUTC) en regiones pan-tropicales entre 2015 y 2022. Su análisis ha revelado una pérdida neta de 61,05 millones de hectáreas en la cobertura arbórea tropical durante este período, con declives que se han producido no solo en áreas forestales tradicionales (63,93%), sino también en paisajes no forestales como tierras agrícolas, praderas y zonas urbanas (36,07%).
Un enfoque renovado en el monitoreo forestal
Las regiones con altas concentraciones de PUTC, donde los árboles crecen fuera de los límites convencionales de los bosques, han experimentado los cambios más drásticos, lo que pone de manifiesto las limitaciones de conjuntos de datos de resolución de 10 metros, como World Cover, según señalaron los investigadores. El estudio, dirigido por el profesor Wang Li del Instituto de Investigación de Información Aeroespacial (AIR) de la Academia China de Ciencias, documentó una pérdida bruta de 67,24 millones de hectáreas (2,94% de la cobertura arbórea tropical total) durante el período de ocho años, superando con creces las ganancias de apenas 6,19 millones de hectáreas. Brasil, Indonesia y la República Democrática del Congo fueron los países más afectados por estas pérdidas.
Las actividades humanas se han identificado como el principal motor de la disminución de la cobertura arbórea, representando el 56,03% de las pérdidas, con la tala, la conversión de tierras y la deforestación vinculadas al 53,93% del total de declives. Por otro lado, el 43,98% de las ganancias en la cobertura arbórea se atribuyeron a un aumento en las precipitaciones.
El Dr. Liu Shidong, autor principal del estudio, destacó que la negligencia hacia los árboles dispersos ha llevado a una subestimación sistemática de la degradación ecológica. «Nuestros mapas muestran que estos árboles desempeñan un papel crítico en la mitigación del cambio climático y en el apoyo a los medios de vida locales. Su pérdida pone en peligro el almacenamiento de carbono y la resiliencia de los ecosistemas», afirmó.
Estos hallazgos plantean serias dudas sobre la efectividad de los compromisos globales en materia de clima y conservación, incluido el Declaración de Glasgow del COP26, donde 141 naciones se comprometieron a detener la deforestación para 2030. Las iniciativas actuales de restauración, como el Reto de Bonn, también están quedando por debajo de las metas globales, ya que las ganancias en la cobertura arbórea pan-tropical entre 2015 y 2022 totalizaron apenas 6,19 millones de hectáreas.
Para llevar a cabo este análisis, el equipo desarrolló un algoritmo de aprendizaje automático capaz de identificar automáticamente las copas de los árboles a través de paisajes diversos utilizando imágenes de 5 metros de resolución de los satélites Planet. Validado contra 150,000 puntos de verificación en el terreno, el modelo logró una precisión del 97,31%, lo que representa un avance sobre los métodos de monitoreo existentes.
El profesor Wang enfatizó la necesidad de un mapeo de alta resolución para una mitigación climática creíble. «Los responsables de la formulación de políticas deben integrar árboles no forestales en las estrategias de conservación para combatir la degradación y la pérdida de biodiversidad», agregó.
Esta investigación fue un esfuerzo colaborativo que involucró a científicos de instituciones como el Laboratorio de Ciencias Climáticas y Ambientales de Francia, la Universidad de Copenhague, la Unidad de Ecología Global de España (CREAF-CSIC-UAB), la Universidad Humboldt de Berlín, la Universidad de Chittagong, la Universidad Tsinghua y la Universidad de Geociencias de China (Beijing).
