Los astrónomos han observado durante años un fenómeno fascinante en el cosmos: las estrellas enanas blancas, también conocidas como «vampiros cósmicos», que se alimentan del plasma de estrellas compañeras. Recientemente, una investigación ha revelado que algunos de estos «vampiros» podrían tener cómplices, lo que sugiere que la interacción entre tres estrellas en un sistema puede facilitar encuentros fatales entre ellas.
Este tipo de sistemas se conoce como variables cataclísmicas, donde las estrellas vampiro son enanas blancas, el remanente estelar que dejan las estrellas con masas similares a la del Sol al final de su ciclo de vida. La materia que estas enanas blancas sustraen de sus compañeras estelares se acumula en su superficie, eventualmente provocando una explosión tipo supernova que las destruye. Aunque se comprende bien el destino de estas variables cataclísmicas, este nuevo estudio sugiere un origen alternativo interesante.
Estrellas ocultas como facilitadoras de encuentros fatales
La teoría predominante sobre la formación de las variables cataclísmicas sostiene que estas surgen a partir de la interacción entre dos estrellas que se ven envueltas en una «envoltura común» de gas. Este proceso, conocido como evolución en envoltura común, lleva a que una de las estrellas se expanda y se convierta en una gigante roja, engullendo a su compañera. Sin embargo, las investigaciones realizadas por un equipo del Instituto Tecnológico de California han puesto de manifiesto que los sistemas de tres estrellas son comunes en el universo y pueden alterar este proceso de formación.
Al analizar datos del satélite Gaia de la Agencia Espacial Europea, que mapeó miles de millones de estrellas, el equipo encontró que aproximadamente el 10% de las variables cataclísmicas se encuentran en sistemas de tres estrellas, lo que indica que la presencia de una tercera estrella puede ser crucial en la formación de estos fenómenos. Las simulaciones realizadas revelaron que en el 20% de los casos analizados, la interacción gravitacional de la tercera estrella forzaba a las binarias a acercarse, eliminando la necesidad de la envoltura común. Este descubrimiento proporciona una nueva visión sobre cómo se forman estos sistemas complejos y desafía la teoría establecida durante décadas.
