La industria del entretenimiento en Hollywood ha sido tradicionalmente un negocio familiar, donde apellidos de renombre pueden abrir puertas. Sin embargo, en los últimos años ha surgido un fenómeno conocido como «nepo babies» o «bebés de nepotismo», que se refiere a los hijos de celebridades que, gracias a sus lazos familiares, tienen un acceso privilegiado a oportunidades en el mundo del espectáculo. Este término ha cobrado relevancia en la conversación cultural sobre privilegio y acceso en la sociedad actual.
Un ejemplo reciente es Jack Henry Robbins, hijo de la actriz Susan Sarandon y el director Tim Robbins. Ha conseguido desarrollar una serie de comedia para Hulu titulada Nepo Baby, basada en un personaje viral que él mismo creó para satirizar su vida como hijo de famosos. A sus 36 años, Robbins ha expresado en redes sociales que este personaje nació de sus inseguridades más profundas, pero que abrazar su rol como «el peor bebé de nepotismo del mundo» ha cambiado su vida.
La era de los «nepo babies» ha visto a esta nueva generación de hijos de celebridades aceptar su linaje con una dosis de autoconciencia. Ava Phillippe, hija de Reese Witherspoon y Ryan Phillippe, ha participado en tendencias de TikTok que involucran humildes alardes sobre sus conexiones familiares. Este cambio de actitud marca una notable diferencia con respecto a una época en la que muchos de estos jóvenes se resistían a ser etiquetados como «nepo babies».
El fenómeno no es nuevo, ya que Hollywood siempre ha estado lleno de familias famosas. Actores como Michael Douglas, Jane Fonda y Gwyneth Paltrow son solo algunos ejemplos de apellidos que llevan un peso considerable en la industria. Sin embargo, la reciente atención sobre el nepotismo ha llevado a un escrutinio más intenso de las conexiones de la nueva generación de estrellas. Nombres como Lily-Rose Depp, Jack Quaid y Zoë Kravitz han sido catalogados como «nepo babies» debido a sus vínculos familiares.
Si bien es cierto que el talento puede ser heredado, también lo son las conexiones. Los jóvenes actores tienen acceso a agentes y directores de casting que la mayoría de los aspirantes no pueden alcanzar. El simple hecho de tener un apellido famoso puede facilitar su entrada a una industria donde muchos luchan por ser vistos.
En la era de las redes sociales y la cobertura mediática constante, estos «nepo babies» enfrentan un escrutinio mayor que las generaciones anteriores. La conversación sobre el nepotismo ha sido alimentada por la fascinación del público hacia los hijos de celebridades, quienes han estado bajo el ojo público desde su nacimiento. La industria del cine, que actualmente se caracteriza por la falta de originalidad y el predominio de secuelas y franquicias, también parece encontrar en los «nepo babies» una vía segura para atraer audiencias, dado que ya son reconocidos por el público.
Sin embargo, la reacción de los «nepo babies» ante esta etiqueta ha variado. Algunos, como Lily-Rose Depp, han sido criticados por no reconocer el privilegio que conlleva su apellido. Otros, como Hailey Bieber, han decidido abrazar el término, llevándolo con orgullo. Este cambio en la estrategia de comunicación refleja una evolución en la percepción de ser un «nepo baby», donde algunos empiezan a aceptar su realidad en lugar de defenderse de ella.
Con el tiempo, ha habido un cambio en cómo estos jóvenes artistas se relacionan con la etiqueta de nepotismo. Mientras algunos la encuentran «frustrante», otros, como Kaia Gerber, han expresado su aceptación de los beneficios que les ha traído su linaje, reconociendo que su acceso a la industria ha tenido un impacto positivo en sus carreras. Este reconocimiento de privilegios, aunque a menudo acompañado de la presión de cumplir con las expectativas familiares, también refleja un cambio cultural en la forma en que se perciben las dinámicas familiares en Hollywood.
La conversación sobre el nepotismo en Hollywood continúa siendo relevante, no solo por lo que significa para los «nepo babies», sino también por lo que implica en términos de desigualdad estructural. Como señala Nate Jones, el periodista que popularizó el término, la discusión sobre el nepotismo no desaparecerá pronto, ya que sigue siendo un reflejo de los problemas más grandes de privilegio y acceso en la sociedad contemporánea.
