Las recientes inundaciones repentinas en el condado de Texas Hill durante el fin de semana del 4 de julio son un recordatorio sombrío de que Estados Unidos es uno de los países más propensos a desastres naturales en el mundo. En 2023, el país experimentó 28 desastres naturales que causaron casi 93 mil millones de dólares en daños, según la Dra. Christine Crudo Blackburn, docente en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Texas A&M.
Las condiciones climáticas extremas que provocaron estos desastres—incluyendo inundaciones, ciclones tropicales, tornados, tormentas invernales, incendios forestales y sequías—se proyecta que se volverán incluso más frecuentes y severas en los próximos años.
Investigación sobre la preparación ante desastres
Un estudio realizado por Blackburn y otros expertos en políticas de salud y preparación ante desastres de la misma universidad ha identificado los factores asociados con la preparación ante desastres y la confianza en la asistencia durante estos eventos. La investigación, publicada en la revista Public Health Reports, destaca que la preparación puede salvar vidas, ya que muchas de las muertes e lesiones relacionadas con desastres son prevenibles mediante acciones adecuadas de preparación.
El programa nacional Healthy People 2030 incluye objetivos para aumentar la proporción de adultos que cuentan con un plan de emergencia y que saben cómo evacuar en caso de desastre. Sin embargo, antes de este estudio, existía poca información sobre las medidas que podrían abordar estos objetivos, especialmente considerando factores como la inestabilidad financiera y la inseguridad alimentaria, que se volvieron significativos tras la pandemia de COVID-19.
Para profundizar en este tema, los investigadores realizaron una encuesta transversal en inglés y español a 2,989 adultos en Estados Unidos entre abril y junio de 2024. Los participantes respondieron a preguntas sobre si contaban con un kit de emergencia y un plan de evacuación, así como si sabían dónde obtener información en caso de un desastre natural.
Los hallazgos diferían de estudios previos en términos de edad, raza y afiliación política. Se observó que los individuos mayores de 55 años eran más propensos a afirmar que sabían dónde acceder a información de emergencia y que confiaban en la asistencia ofrecida por los gobiernos locales y la Guardia Nacional. Este resultado, aunque no alineado con estudios anteriores, refleja una mayor confianza en las órdenes de evacuación emitidas por el gobierno entre los adultos mayores.
En contraste con hallazgos previos, el estudio no identificó relaciones significativas entre la preparación ante desastres y la raza o la afiliación política. Sin embargo, se encontró que los demócratas se sentían más seguros que los republicanos en su capacidad para acceder a información de emergencia, lo que plantea interrogantes sobre si esta percepción se debe a una falta de conocimiento o a una desconfianza hacia las fuentes de información.
La Dra. Blackburn subraya que estos hallazgos podrían ayudar a los funcionarios de salud pública a desarrollar estrategias que aumenten la preparación en diversas subpoblaciones del país, algo esencial en un contexto donde los desastres naturales son cada vez más frecuentes y devastadores.
