Canadá enfrenta este año una de sus temporadas de incendios forestales más devastadoras, con más de 13,6 millones de acres (5,5 millones de hectáreas) consumidos por las llamas. Esta cifra es comparable al tamaño de Croacia y refleja la creciente amenaza de los incendios forestales, agudizada por el cambio climático de origen humano.
Un año marcado por los incendios
En 2023, el país experimentó su peor temporada de incendios, con 42,9 millones de acres devastados. Este extraordinario evento atrajo la atención internacional hacia la magnitud del daño que los incendios pueden causar, así como su vinculación con el calentamiento global. Según las cifras oficiales, en 2025 se han contabilizado alrededor de 3.000 incendios, de los cuales 561 permanecen activos.
Michael Norton, un funcionario del ministerio de recursos naturales de Canadá, ha señalado que este año se ha registrado una de las áreas acumuladas más altas quemadas para esta época del año, solo superada por el récord de 2023. Sin embargo, ha matizado que, a diferencia del año pasado, la actividad de incendios parece seguir un patrón de quema más normal.
Desde 1983, el segundo peor año en términos de superficie quemada fue 1995, cuando se perdieron 17,5 millones de acres. Este año, esa cifra podría ser superada si las condiciones continúan siendo desfavorables. Las altas temperaturas y la sequía han contribuido a un inicio de primavera complicado, especialmente en las provincias centrales de Manitoba y Saskatchewan.
A pesar de que la intensidad de la actividad de incendios disminuyó en junio, los funcionarios han advertido que los dos meses siguientes suelen ser los más activos a nivel nacional, con condiciones propicias para la quema en varias áreas, incluida la provincia occidental de Columbia Británica.
Los pueblos indígenas canadienses han sufrido un impacto desproporcionado, con 39.000 residentes de Primeras Naciones desplazados hasta ahora en 2025. Este aspecto subraya la necesidad de una atención especial a las comunidades más vulnerables que enfrentan las consecuencias del cambio climático.
En los últimos años, Canadá ha experimentado un calentamiento al menos el doble de rápido que el resto del planeta. Este fenómeno, vinculado al cambio climático, provoca una reducción de la nieve, inviernos más cortos y suaves, y condiciones veraniegas más precoces que son favorables para el inicio de incendios, según los expertos.
La situación actual en Canadá no solo es un reflejo de los desafíos ambientales que enfrenta el país, sino que también plantea interrogantes sobre la capacidad de respuesta y adaptación de las políticas públicas ante un fenómeno que parece intensificarse con el tiempo.
