Astrónomos han detectado lo que parece ser una estrella compañera nunca antes vista orbitando Betelgeuse, una estrella supergigante roja pulsante situada en el hombro de la constelación de Orión. Betelgeuse es una de las estrellas más conocidas y luminosas del cielo nocturno, y su característico tono rojizo es visible a simple vista. Sin embargo, lo que más ha intrigado a los científicos es su variabilidad en brillo a lo largo del tiempo, un fenómeno que ahora creen que podría estar relacionado con este nuevo objeto celeste descubierto.
Desde finales de 2019 hasta principios de 2020, Betelgeuse experimentó un apagón tan pronunciado que muchos astrónomos pensaron que la estrella estaba a punto de explotar en una supernova. Este evento, conocido como el «gran oscurecimiento», reveló que la estrella había expulsado una gran nube de polvo que bloqueó temporalmente parte de su luz desde la perspectiva de la Tierra. A partir de este fenómeno, un equipo de astrónomos ha estado investigando por qué el brillo de Betelgeuse parece fluctuar de manera regular en un ciclo de aproximadamente seis años.
La búsqueda de la compañera estelar
Utilizando un instrumento del telescopio Gemini Norte en Hawái, los investigadores emplearon una técnica de imagen inusual que les permitió visualizar a la estrella compañera, a la que han apodado «Betelbuddy». Sugieren denominarla Siwarha, que en árabe significa «su pulsera», un nombre adecuado dado que Betelgeuse se traduce como «la mano del gigante». Comprender la dinámica entre Betelgeuse y esta estrella compañera, referida como Ori B en un nuevo estudio publicado en The Astrophysical Journal Letters, podría ofrecer pistas sobre el destino entrelazado de ambas estrellas.
Betelgeuse es una estrella supergigante, con un tamaño aproximadamente 700 veces mayor que el del Sol y una masa 18 veces superior. Aunque tiene solo 10 millones de años, lo que representa una fracción de la edad del Sol, su enorme masa ha llevado a que haya agotado el hidrógeno en su núcleo, provocando su expansión al acercarse al final de su ciclo vital. Observaciones a lo largo de los años han mostrado que su luminosidad varía periódicamente cada 416 días. Sin embargo, se ha documentado un patrón de variabilidad más largo, de aproximadamente 2,170 días, que hasta ahora no tenía explicación.
El equipo de Howell, líder del estudio, utilizó una técnica de imagen llamada «speckle imaging» para buscar a la estrella compañera. Esta metodología consiste en obtener miles de exposiciones muy cortas de un objeto astronómico, las cuales, al eliminar la distorsión provocada por la atmósfera terrestre, permiten obtener imágenes de alta resolución. Durante una observación de Betelgeuse en el periodo del gran oscurecimiento, no lograron detectar la compañera, pero en diciembre avistaron un tenue resplandor azul en la ubicación predicha por investigaciones anteriores, lo que confirma la existencia de esta estrella compañera, cuya luminosidad es solo el 0.4% de la de Betelgeuse. Este hallazgo representa la primera vez que se detecta una estrella compañera orbitando tan de cerca a una supergigante.
Aunque la detección de esta estrella compañera respalda las predicciones de los estudios previos, aún se requieren observaciones adicionales para confirmar su existencia. En este sentido, se prevé que la estrella compañera sea más fácil de observar en noviembre de 2027, cuando se encuentre a la mayor distancia de Betelgeuse, facilitando su estudio. Por el momento, los astrónomos continúan investigando la naturaleza de esta relación estelar y su influencia en los ciclos de variabilidad de Betelgeuse, que se relacionan con los cambios en el polvo alrededor de la estrella.
