Un reciente estudio de la Universidad de Victoria (VU) en Australia ha revelado que la mayoría de los incidentes de racismo en el estado de Victoria no son denunciados. La investigación, que se llevó a cabo entre 2022 y 2024, destaca que las comunidades cultural y racialmente marginadas en Australia citan la desconfianza, el miedo y las barreras sistemáticas como principales factores que les impiden reportar estos hechos.
El artículo, titulado «¿Hablar en contra del racismo? Silencio, agencia y voces no escuchadas entre comunidades radicalizadas en Australia», ha sido publicado en la revista Ethnic and Racial Studies. A través de una encuesta realizada a 703 individuos y la participación de 159 personas en 27 grupos de enfoque dirigidos por pares, el estudio encontró que, aunque el 76% de los encuestados había experimentado racismo, solo el 15,5% lo había denunciado a alguna organización.
Las razones para no reportar son alarmantes. Entre los encuestados:
- El 75,2% indicó que no sabía dónde o cómo presentar una denuncia.
- El 83,2% temía que el proceso fuera demasiado complicado y que llevara mucho tiempo.
- El 90,6% creía que la denuncia no resultaría en ningún cambio.
- Una mayoría significativa temía repercusiones negativas, incluyendo represalias laborales, desventajas académicas o amenazas a su estatus migratorio.
Una participante de la comunidad africana australiana expresó: «Sabes que vas a ser una víctima doble. Si denuncias el racismo, te conviertes en un objetivo». Otro testimonio, el de una madre de origen somalí, revela la ineficacia de las instituciones: su hija fue objeto de abuso racial por parte de un profesor, y al plantear la situación al director, este no tomó ninguna medida, lo que generó un sentimiento de impotencia entre los estudiantes.
El llamado a un apoyo culturalmente seguro
La investigación también pone de manifiesto las barreras psicológicas que enfrentan las víctimas. Muchos participantes expresaron que no deseaban «causar problemas» o «perturbar la paz», y algunos incluso se sintieron culpables por el posible daño que su denuncia podría causar a sus agresores.
El profesor asociado Mario Peucker, líder del estudio, subrayó la necesidad de contar con sistemas que escuchen, respondan y apoyen a las víctimas, en lugar de silenciarlas. Según el informe, los canales formales de denuncia, como la policía o las comisiones de derechos humanos, son generalmente percibidos como inaccesibles o ineficaces.
En respuesta a esta situación, la Universidad de Victoria ha colaborado con organizaciones comunitarias y proveedores de servicios para establecer tres redes locales de apoyo anti-racismo dirigidas por la comunidad. Estos espacios seguros culturalmente, gestionados por pares, ofrecen apoyo adaptado a las necesidades de la comunidad y han comenzado a documentar incidentes de racismo para concienciar y orientar acciones específicas contra este fenómeno.
El equipo de investigación aboga por mejorar la seguridad cultural en los sistemas de apoyo y denuncia, así como por un financiamiento a largo plazo que permita sostener y expandir el trabajo crucial de estas redes comunitarias. «Estamos viendo la aparición de alternativas locales que proporcionan cuidado, validación y abogacía, así como una mayor posibilidad de rendición de cuentas», concluyó Peucker.
