Una ola de calor sin precedentes ha desatado incendios forestales devastadores en Turquía y Bulgaria, causando la muerte de al menos 14 personas en Turquía en la última semana. Las elevadas temperaturas y los vientos han propiciado la rápida propagación de las llamas, lo que ha llevado a la evacuación de aproximadamente 20 pueblos en la región.
En Turquía, la situación se ha vuelto crítica, con temperaturas que han alcanzado un récord de 50.5 grados Celsius en Silopi. Las autoridades han advertido que las condiciones climáticas seguirán siendo extremas, con pronósticos que indican que las temperaturas oscilarán entre 45 y 50 grados en el sureste del país.
Desafíos en la lucha contra el fuego
Los equipos de emergencia en Turquía han estado luchando contra incendios en varias regiones, incluyendo Bursa, la cuarta ciudad más grande del país. El Ministro de Agricultura y Silvicultura, Ibrahim Yumakli, ha reconocido que la capacidad del estado para responder rápidamente a desastres de tal magnitud es a menudo limitada. «Si hay viento, no hay aviones, y se tarda horas, incluso días, en recuperar el control», afirmó Yumakli.
Las estadísticas son alarmantes: desde el inicio del verano, se han registrado más de 3,000 incendios, muchos de ellos provocados por la actividad humana, según el presidente Erdogan, quien ha calificado la situación como una «guerra» contra un enemigo insidioso que amenaza el patrimonio natural del país. La falta de lluvia y el aumento de las temperaturas, que podrían incrementarse hasta en 6 grados para finales de siglo, han hecho que el riesgo de incendios forestales persista hasta octubre, según un informe de la ONU sobre la desertificación.
En Bulgaria, los servicios de emergencia han combatido más de 160 incendios activos, algunos de los cuales han destruido hogares en la aldea de Rani Lug, cerca de la frontera serbia. En respuesta a esta crisis, Bulgaria ha solicitado asistencia a la Unión Europea, recibiendo el apoyo de aviones y helicópteros de varios países europeos.
La situación en Grecia no es menos grave, donde los incendios han arrasado propiedades y obligado a evacuar a residentes en varias localidades. Un nuevo incendio ha estallado cerca de Atenas, lo que ha llevado a la movilización de decenas de bomberos y equipos aéreos para intentar controlar las llamas.
Este escenario de catástrofe natural pone de manifiesto la vulnerabilidad de la región mediterránea frente al cambio climático y la necesidad urgente de políticas efectivas para mitigar el impacto del calentamiento global en la biodiversidad y la seguridad de las comunidades.
