Investigadores de la Universidad de Tennessee, Knoxville, están llevando a cabo un estudio sobre microplásticos y nanoplásticos con el objetivo de entender su formación en el medio ambiente y cómo reducir o incluso prevenir su aparición. Este trabajo se presenta como una respuesta a la creciente preocupación por el impacto de estos contaminantes en la salud humana y en el entorno natural.
Aproximadamente el 75% del plástico utilizado a nivel global se destina a vertederos o se libera en el medio ambiente. Este plástico se fragmenta en partículas tan pequeñas que son invisibles a simple vista, penetrando en las membranas celulares y acumulándose en organismos, lo que puede resultar perjudicial para la vida acuática, las plantas e incluso los seres humanos. Mark Dadmun, profesor de química especializado en ciencia de polímeros, señala que «la presencia de plásticos tras su ciclo de vida es problemática por diversas razones, incluyendo su impacto en la salud humana y el medio ambiente».
El origen de los micro y nanoplásticos
Los microplásticos, que varían entre 1 micrómetro y 5 milímetros, y los nanoplásticos, que miden entre 10 nanómetros y 1 micrómetro, se generan no solo por el desgaste de productos plásticos, sino también a través de procesos cotidianos como el lavado de ropa o el roce de los neumáticos con el asfalto. En un artículo publicado en la revista Nature Communications, Dadmun y su estudiante Shelby Watson-Sanders, junto con colaboradores de diversas instituciones, han ampliado investigaciones previas sobre el reciclaje de polímeros para indagar en los factores que provocan la descomposición de las cadenas poliméricas en fragmentos de nanoplásticos que perduran en el medio ambiente.
Dadmun compara las cadenas poliméricas con un «plato de espaguetis», describiéndolas como «muy sueltas y entrelazadas». Algunas de estas cadenas se organizan en secciones pequeñas para formar porciones cristalinas que ofrecen propiedades materiales más robustas. Sin embargo, son precisamente estas estructuras organizadas las que no se degradan fácilmente, fragmentándose y generando nanoplásticos. Aproximadamente el 70% de los materiales que se utilizan comercialmente presentan esta estructura cristalina.
El equipo de investigación se centró en diferentes grados de polipropileno, polietileno tereftalato (PET) y poliestireno (PS), que se encuentran entre los polímeros más producidos en el mundo. Al someter estos polímeros a diversas condiciones de degradación, validaron la correlación entre las partes cristalinas que no se degradan y la fragmentación que da lugar a los nanoplásticos.
Esta información proporciona una base sólida para entender el origen de los nanoplásticos, lo que puede guiar el diseño de una nueva generación de plásticos que produzcan menos residuos nocivos para el medio ambiente.
Más información:
Nicholas F. Mendez et al, Mechanism of quiescent nanoplastic formation from semicrystalline polymers, Nature Communications (2025). DOI: 10.1038/s41467-025-58233-3
Proporcionado por Universidad de Tennessee en Knoxville
