Los pulgones son pequeños insectos chupadores de savia que se pueden encontrar en jardines, campos de cultivo y bordes de carreteras. Aunque a menudo son vistos como una molestia menor, estas criaturas representan uno de los grupos de plagas más dañinos económicamente en todo el mundo.
En Australia, dos especies predominantes, el pulgón melocotón verde y el pulgón de la avena, afectan una amplia variedad de cultivos, incluidos granos y plantas ornamentales. A pesar de que Australia cuenta con pocas especies nativas de pulgones, las invasoras tienen un impacto significativo, no solo por los daños directos que causan, sino también por su capacidad para transmitir más de 100 virus distintos que afectan a las plantas. Esta capacidad de transmisión puede resultar en pérdidas de producción que alcanzan hasta el 75% en algunos casos.
Riesgos de bioseguridad
La preocupación por los riesgos de bioseguridad es creciente, ya que la introducción de nuevas especies exóticas puede causar daños considerables. Ejemplos recientes de fracasos en bioseguridad incluyen ácaros varroa que atacan a las abejas y hormigas de fuego que representan un peligro para humanos y fauna. No obstante, los pulgones también han encontrado su camino en el país, siendo el pulgón de trigo ruso y el pulgón de la haba dos de los invasores que han causado estragos.
Sin embargo, el peligro no se limita únicamente a nuevas especies; las nuevas introducciones de pulgones ya presentes en el país pueden traer consigo «acompañantes dañinos». Estas incluyen genes que disminuyen la efectividad de los pesticidas, ya que los pulgones son conocidos por desarrollar resistencia genética a estos químicos. La entrada de clones de pulgones que portan estos genes puede hacer que los pesticidas existentes sean ineficaces.
Además, las bacterias y otros microbios que los pulgones transportan pueden incluir nuevas cepas de virus que causan enfermedades en las plantas, o bacterias que reducen la susceptibilidad de los pulgones a los métodos de control utilizados.
La comunidad agrícola global se enfrenta a una creciente preocupación ambiental que ha llevado a un endurecimiento de las regulaciones sobre el uso de pesticidas. Por esta razón, muchas industrias agrícolas están adoptando métodos de control más sostenibles, como la preservación y liberación de avispas parasitoides, que ponen sus huevos dentro de los pulgones, alimentándose de sus tejidos internos y, eventualmente, matando al huésped.
Sin embargo, las bacterias que habitan en el interior de los pulgones, conocidas como «simbiontes», podrían poner en riesgo la efectividad de estos controladores biológicos. Estas bacterias han evolucionado junto con los pulgones, aportando beneficios o actuando como parásitos. La más común, Buchnera aphidicola, se encuentra en casi todas las especies de pulgones y proporciona nutrientes que los pulgones no pueden obtener fácilmente.
Nuevas estrategias están enfocadas en estos simbiontes para reducir el impacto de los pulgones y otros pestes. Sin embargo, algunos de estos simbiontes dificultan el control de los pulgones mediante enemigos naturales como las avispas parasitoides. Un simbionte particularmente problemático es Hamiltonella, que impide que los parasitoides controlen efectivamente a los pulgones.
En Australia, encuestas han revelado que los pulgones melocotón y de avena no presentan esta bacteria, lo que puede ser una buena noticia. Sin embargo, a nivel internacional, Hamiltonella es común en muchas de las especies de pulgones que representan una amenaza. Se han detectado otros simbiontes, como Regiella, que pueden ofrecer protección a los pulgones frente a los parasitoides, aunque hasta ahora han sido raros en el país.
El peligro creciente para Australia es la introducción de pulgones que traen consigo Hamiltonella u otros simbiontes perjudiciales, especialmente dado que muchos son comunes en el extranjero. Con el aumento del uso de control biológico, estas introducciones podrían representar riesgos económicos significativos para la industria agrícola. Por lo tanto, es fundamental estar alerta ante estos microorganismos y otros riesgos asociados a la resistencia a pesticidas.
En el marco del Programa de Innovación en Plagas de Granos y Horticultura de Australia, se están desarrollando métodos moleculares para identificar y comprender los simbiontes y los genes de resistencia en algunas de nuestras plagas más significativas. También se investiga cómo aprovechar los simbiontes bacterianos para hacer que las plagas sean menos dañinas, incluyendo la modificación de las bacterias que portan para reducir su capacidad de transmitir virus. Estas iniciativas podrían abrir nuevas vías para el control sostenible de plagas y proteger a Australia de amenazas insectiles en aumento.
