La erupción del volcán Hunga Tonga–Hunga Ha’apai, que tuvo lugar el 15 de enero de 2022, se ha convertido en un punto de referencia en el estudio de las ondas sísmicas y atmosféricas. A pesar de estar situada a más de 9,600 kilómetros de distancia, el evento volcánico generó ondas de presión que penetraron en la corteza terrestre de Alaska hasta profundidades de 5 kilómetros, lo que ha permitido a los científicos obtener información valiosa sobre la estructura geológica del estado.
Ken Macpherson, un investigador del Instituto Geofísico de la Universidad de Alaska Fairbanks, lideró un estudio que analizó cómo las ondas de presión atmosférica, generadas por esta erupción monumental, se acoplaron con las ondas sísmicas en el suelo de Alaska. Este proceso, conocido como acoplamiento aire-suelo, se basa en los principios de la física que rigen el movimiento de partículas cuando se aplica una fuerza.
El impacto de la erupción
La erupción de Hunga Tonga fue la más explosiva desde la erupción de Krakatoa en 1883, enviando ondas de presión que se sintieron en lugares tan lejanos como Alaska. Estas ondas atmosféricas fueron lo suficientemente potentes como para provocar un movimiento detectable en la corteza terrestre, lo que representa una oportunidad única para estudiar las propiedades del material subsuperficial de Alaska. Macpherson destacó la importancia de este fenómeno, señalando que «las ondas de presión de Hunga Tonga nos han proporcionado mucha más información sobre cómo se propagan las ondas sísmicas en Alaska».
Para llevar a cabo su investigación, Macpherson y su equipo utilizaron una red de 150 barómetros, sensores infrasonoros y sismómetros, que registraron los datos de la erupción. A través de la comparación de la fuerza de las ondas de presión y las ondas sísmicas resultantes, los científicos pudieron inferir propiedades del material subterráneo, como su dureza, que afecta la velocidad a la que viajan las ondas sísmicas.
El estudio, publicado en la revista Seismica, no solo contribuye a la comprensión de la geología de Alaska, sino que también tiene implicaciones importantes para el análisis de riesgos sísmicos. Conocer la velocidad de las ondas en la corteza superior ayuda a prever el grado de movimiento del suelo durante un terremoto, lo que es crucial para la seguridad y planificación en áreas propensas a sismos.
Macpherson también señaló que su trabajo puede ser útil para la tomografía, una técnica utilizada por los sismólogos para crear imágenes tridimensionales del interior de la Tierra. Comprender mejor la corteza terrestre permite aplicar correcciones que mejoran la precisión de estas imágenes y, por ende, la capacidad de los científicos para evaluar el riesgo sísmico en zonas vulnerables.
