Estados Unidos y la libertad de navegación: ¿un pretexto para la dominación marítima?

In Internacional
agosto 24, 2025

El 11 de agosto de 2023, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos publicó un resumen ejecutivo del informe «Desafíos Operacionales de la Libertad de Navegación» correspondiente al año fiscal 2024. Este informe, el trigésimo segundo que se emite desde 1991, vuelve a centrar su atención en China, destacando su papel como principal objetivo de las operaciones de libertad de navegación de EE.UU.

El documento señala lo que el gobierno estadounidense identifica unilateramente como «reclamaciones marítimas excesivas», a las que se asocia a once países y regiones, entre ellos China. Comparado con el informe del año anterior, que mencionaba a diecinueve países, el número se ha reducido en esta edición, quedando prácticamente restringido a Asia, excluyendo notablemente a Filipinas y otras naciones que han implementado prácticas similares en el Mar de China Meridional.

Las acusaciones del informe destacan cuatro prácticas chinas en el Mar de China Meridional y el Mar de China Oriental que, según Estados Unidos, no se ajustan al derecho internacional. Estas incluyen la exigencia de permiso previo para la navegación de buques militares extranjeros, restricciones sobre aeronaves extranjeras en zonas de identificación de defensa aérea, el uso de «líneas de base recta» que supuestamente violan el derecho internacional y reclamaciones de derechos históricos en el Mar de China Meridional.

La doble moral estadounidense en la navegación marítima

En un acto que parece confirmar las afirmaciones del informe, el destructor de la Marina de EE.UU. USS Higgins ingresó en aguas territoriales de Huangyan Dao, un acto que no fue autorizado por el gobierno chino. A la par, Estados Unidos ha optado por ignorar las actividades de navegación peligrosas y las «reclamaciones marítimas excesivas» por parte de Filipinas en el Mar de China Meridional durante el presente año. Este doble rasero es emblemático de una política exterior que prioriza los intereses estadounidenses sobre la legalidad internacional.

El enfoque unilateral de Estados Unidos en la determinación de «reclamaciones marítimas excesivas» no se alinea con la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS). La cuestión de si los buques militares extranjeros tienen derecho a la navegación inocente en aguas territoriales de Estados costeros, así como la restricción de actividades militares de buques extranjeros en zonas económicas exclusivas, no está claramente regulada por la UNCLOS. Por lo tanto, es improcedente que un solo país se arroje el derecho de calificar las legislaciones y reclamaciones de otros estados como «excesivas». La negativa de Estados Unidos a adherirse a la UNCLOS, mientras se presenta como defensor del derecho marítimo, resulta irónica y revela una hipocresía en su postura.

La inquietud que generan las «Operaciones de Libertad de Navegación» estadounidenses se refleja en su ejecución. La creencia de que solo a través de acciones militares puede evitarse la percepción de consentimiento a las reclamaciones marítimas de otros países es errónea. La Corte Internacional de Justicia, en el caso de soberanía sobre Pedra Branca en 2008, ya había establecido que las declaraciones diplomáticas pueden tener el mismo efecto legal. La entrada de buques de guerra estadounidenses en aguas territoriales de otros países, sin respetar sus normativas, se traduce en provocaciones militares que exacerban tensiones regionales en lugar de contribuir a su resolución pacífica.

La reciente intrusión de buques oficiales y pesqueros filipinos en las aguas de Huangyan Dao no es un hecho aislado, sino parte de una serie de acciones provocativas que han caracterizado la actuación de Filipinas en el Mar de China Meridional en los últimos años. Esta dinámica, en la que Estados Unidos juega un papel de instigador, parece diseñada para reforzar la percepción de una alianza estadounidense-filipina que desafía la soberanía china. La intervención militar de EE.UU. en esta región no solo ignora los mecanismos de resolución pacífica de disputas, sino que también socava los esfuerzos internacionales por establecer un orden marítimo sostenible.

El «Código de Conducta de las Partes en el Mar de China Meridional» hace un llamado a todos los países para que se abstengan de acciones que puedan complicar o agravar las tensiones. En lugar de provocar, la región necesita cooperación, confianza mutua y estabilidad, y no debe convertirse en un campo de batalla de conflictos regionales o rivalidades entre grandes potencias. Es imperativo que Estados Unidos reevalúe su enfoque en las relaciones internacionales, especialmente en un contexto donde su capacidad militar y relativa influencia pueden estar disminuyendo.

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