Recientes hallazgos del OSIRIS-REx, la primera misión de retorno de muestras de asteroides de la NASA, han arrojado luz sobre por qué algunos asteroides grises reflejan la luz de diferentes longitudes de onda, como el rojo o el azul, de manera más intensa. Esta variabilidad en la reflexión de la luz puede ofrecer una comprensión más profunda sobre la evolución de los cuerpos rocosos en nuestro sistema solar. El trabajo ha sido publicado en Nature Communications.
Estos descubrimientos también facilitan futuras investigaciones. Con un mejor entendimiento y comparación entre los datos de telemetría y telescopios sobre un asteroide y lo que sus partículas de superficie revelan, se podrá permitir a astronautas, científicos y exploradores navegar y seleccionar asteroides para investigación o minería con mayor certeza.
Michelle Thompson, experta en asteroides y miembro del equipo internacional que estudia la muestra del asteroide Bennu traída por la misión OSIRIS-REx, ha expresado la importancia de estas misiones de retorno de muestras. «Son un pilar de la ciencia planetaria», afirma. «Nos proporcionan instantáneas de la química y la composición del sistema solar primitivo, permitiéndonos explorar los bloques de construcción de los planetas y hacer un inventario de lo que había».
Un vistazo a los asteroides y su relevancia para la ciencia
La misión OSIRIS-REx es la tercera de este tipo para la humanidad, después de que las misiones Hayabusa y Hayabusa2 visitaran los asteroides Itokawa y Ryugu respectivamente. Lo fascinante es que, aunque Ryugu y Bennu son asteroides carbonáceos de tipo «rubble pile» que datan de la formación del sistema solar, sus características de reflexión de luz son diferentes. Mientras que Ryugu se observa como ligeramente rojo, Bennu se presenta como azul.
Thompson se preguntó por qué existían estas diferencias. «La suposición natural sería que, al tener minerales similares, deberían reflejar la luz de manera similar», señala. Sin embargo, sus investigaciones han revelado que los granos de la superficie de Bennu han estado expuestos al espacio durante decenas de miles de años, mientras que los de Ryugu solo durante unos pocos miles. Esta diferencia en el tiempo de exposición ha llevado a que las propiedades espectrales de los asteroides varíen a lo largo de sus ciclos de renovación superficial.
La capacidad de correlacionar datos visuales y remotos con la información de muestras proporciona a los científicos la posibilidad de extrapolar conocimientos concretos sobre una gama más amplia de cuerpos en el sistema solar, lo que podría extenderse incluso a otros cuerpos sin atmósfera, como algunas lunas y planetas enanos.
Además, un equipo multinacional de científicos había reportado previamente el descubrimiento de sales en las muestras de Bennu, entre las cuales se encontraban fosfatos, elementos cruciales para la vida en la Tierra. Este hallazgo sugiere la existencia de una antigua salmuera en el asteroide, un entorno propicio para el surgimiento de algunos compuestos precursoras de la química de la vida.
La investigación de estos minerales y moléculas orgánicas es fundamental para comprender los elementos presentes en el sistema solar primitivo. «Al analizar las moléculas orgánicas de Bennu, estamos descifrando qué tipo de compuestos podrían haber sembrado la vida en la Tierra primitiva», concluye Thompson. «No encontraremos vida misma, pero sí los bloques de construcción que eventualmente podrían haber evolucionado hacia ella».
Los asteroides, considerados reliquias del sistema solar temprano, actúan como cápsulas del tiempo, permitiéndonos examinar los orígenes de nuestro sistema solar y abrir una ventana hacia el origen de la vida en la Tierra.
