Investigadores del Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Universidad Atlántica de Florida han publicado una revisión exhaustiva que traza cuatro décadas de cambios en el sargazo pelágico, una alga marina de color marrón que desempeña un papel crucial en el ecosistema del océano Atlántico. Esta revisión, publicada en la revista Harmful Algae, arroja nueva luz sobre los orígenes y el desarrollo del Gran Cinturón de Sargazo Atlántico, una masiva floración recurrente que se extiende desde la costa de África Occidental hasta el Golfo de América.
El sargazo, que anteriormente se pensaba confinado a las aguas pobres en nutrientes del Mar de los Sargazos, ha demostrado ser un organismo marino en rápida expansión y ampliamente distribuido, cuya proliferación está estrechamente vinculada tanto a procesos naturales como a la enriquecimiento de nutrientes inducido por el ser humano. Desde su primera aparición en 2011, este cinturón ha formado casi todos los años, con la excepción de 2013, y en mayo alcanzó un nuevo récord de biomasa de 37,5 millones de toneladas, sin incluir las 7,3 millones de toneladas históricamente estimadas en el Mar de los Sargazos.
Implicaciones de la Investigación sobre el Sargazo
Al combinar observaciones oceanográficas históricas, imágenes satelitales modernas y análisis biogeoquímicos avanzados, esta revisión proporciona un marco comprensivo para entender los cambios drásticos en la distribución, productividad y dinámica de nutrientes del sargazo. Además, destaca las amplias implicaciones del enriquecimiento de nutrientes antropogénicos en la ecología oceánica y la necesidad de esfuerzos internacionales coordinados para monitorear y gestionar los impactos de estas masivas floraciones de algas.
Brian Lapointe, Ph.D., autor principal y profesor investigador en FAU Harbor Branch, señala: «Nuestra revisión profundiza en la historia cambiante del sargazo: cómo está creciendo, qué está alimentando ese crecimiento y por qué estamos viendo un aumento tan dramático en la biomasa a través del Atlántico Norte». Al examinar los cambios en la composición de nutrientes, particularmente nitrógeno, fósforo y carbono, se comienza a entender las fuerzas ambientales más amplias en juego.
En los inicios de esta revisión, Lapointe y sus coautores, Deanna F. Webber y Rachel Brewton, explican que los primeros oceanógrafos cartografiaron el Mar de los Sargazos basándose en avistamientos en superficie del sargazo, creyendo que prosperaba en sus aguas cálidas, claras, pero pobres en nutrientes. Sin embargo, este concepto generó una paradoja cuando oceanógrafos de mediados del siglo XX describieron la región como un «desierto biológico». Nuevas observaciones satelitales y modelos de circulación oceánica han resuelto esta paradoja al rastrear el transporte estacional de sargazo desde áreas costeras ricas en nutrientes hacia el océano abierto.
La tecnología de teledetección ha jugado un papel fundamental en estos descubrimientos. Entre 2004 y 2005, los satélites capturaron extensos «cordones» de sargazo en el oeste del Golfo de América, una región que ha experimentado aumentos en la carga de nutrientes provenientes de sistemas fluviales como el Misisipi y el Atchafalaya. Estos nutrientes han alimentado eventos de alta biomasa a lo largo de la costa del Golfo, resultando en varamientos masivos y costosas limpiezas de playas.
Laboratorios y estudios de campo desde los años 80 han confirmado que el sargazo crece más rápidamente y es más productivo en aguas neríticas enriquecidas en nutrientes que en las aguas oligotróficas del océano abierto. Las investigaciones controladas han revelado que las dos especies principales, Sargassum natans y Sargassum fluitans, pueden duplicar su biomasa en solo 11 días bajo condiciones óptimas. Estos estudios también han establecido que el fósforo suele ser el nutriente limitante principal para el crecimiento, aunque el nitrógeno también desempeña un papel crítico.
Desde los años 80 hasta la década de 2020, el contenido de nitrógeno del sargazo ha aumentado más del 50%, mientras que el contenido de fósforo ha disminuido ligeramente, lo que ha llevado a un aumento notable en la relación nitrógeno-fósforo (N:P). Estas variaciones reflejan un cambio de las fuentes naturales de nutrientes oceánicos hacia entradas terrestres, como el escurrimiento agrícola, la descarga de aguas residuales y la deposición atmosférica.
La revisión también explora cómo el reciclaje de nutrientes dentro de los cordones de sargazo, incluyendo la excreción por organismos marinos asociados y la descomposición microbiana de materia orgánica, puede sostener el crecimiento en entornos pobres en nutrientes. Datos de sargazo recogidos cerca de la desembocadura del río Amazonas apoyan la hipótesis de que los afluentes de nutrientes de este importante río contribuyen significativamente al desarrollo del Gran Cinturón de Sargazo Atlántico.
La formación del cinturón parece haber sido iniciada por un evento atmosférico extremo, la fase negativa de la Oscilación del Atlántico Norte entre 2009 y 2010, que pudo haber ayudado a desplazar las aguas superficiales y el sargazo del Mar de los Sargazos hacia el Atlántico tropical. Sin embargo, los investigadores advierten que no hay evidencia directa de este movimiento, y los datos genéticos y morfológicos sugieren que algunas poblaciones de sargazo ya estaban presentes en el Atlántico tropical antes de 2011.
El crecimiento del sargazo no es solo una curiosidad ecológica; tiene impactos reales en las comunidades costeras. Las masivas floraciones pueden obstruir playas, afectar la pesca y el turismo, y plantear riesgos para la salud. Comprender por qué el sargazo está creciendo tanto es crucial para gestionar estos impactos.
