La observación astronómica ha dado un paso significativo con el descubrimiento del objeto interstellar 3I/ATLAS, que fue detectado por primera vez a principios de julio de 2025. Sin embargo, este objeto había estado en el radar de otros telescopios desde mayo de ese mismo año, lo que pone de manifiesto la importancia de la colaboración y el análisis de datos en el campo de la astronomía. Gracias a múltiples telescopios que monitorizan grandes partes del cielo, los astrónomos pueden acceder a imágenes de objetos interesantes incluso antes de su descubrimiento oficial.
Un reciente estudio, disponible en el servidor de preprints arXiv, revela que el satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) detectó 3I/ATLAS en su base de datos desde el 7 de mayo de 2025. TESS, diseñado principalmente para observar estrellas y exoplanetas, no estaba destinado a identificar visitantes intergalácticos, pero los investigadores Adina Feinstein y Darryl Seligman, junto con John Noonan, se propusieron examinar los datos archivados del telescopio en busca de este objeto.
Metodología de Observación
Utilizando una técnica denominada «shift-stacking», los investigadores lograron localizar el objeto interstellar en las imágenes capturadas por TESS. Este método implica predecir la ubicación del objeto en cada imagen, ajustar estas imágenes para que el objeto se situara en el mismo punto y luego apilar varias de ellas para obtener una señal clara de un objeto que, de otro modo, habría sido demasiado tenue para detectarse en una sola imagen. Este enfoque permitió a los científicos identificar que 3I/ATLAS mostraba signos de actividad desde su primera observación.
Durante el período de observación, 3I/ATLAS se encontraba a una distancia de aproximadamente 6.35 unidades astronómicas (AU) y se movió hacia 5.47 AU para el 2 de junio. En este tiempo, su flujo luminoso aumentó cinco veces, aunque la disminución de la distancia solo podría haber contribuido a un incremento de brillo de 1.5. Esto sugiere que el objeto estaba emitiendo una cantidad considerable de material, lo que ha suscitado especulaciones sobre su composición y naturaleza.
Los autores del estudio apuntan a una explicación más convencional para este fenómeno: se cree que 3I/ATLAS estaba liberando materiales «hipervolátiles» como el dióxido de carbono y el monóxido de carbono. Estos compuestos tienen un punto de sublimación más alto que el del hielo de agua y pueden causar un aumento significativo en el brillo del objeto, situación que no se observa normalmente en cometas de nuestro sistema solar, que ya no contienen tales materiales. Esto sugiere que los cometas de otros sistemas solares podrían tener una composición muy diferente a la de los que orbitan nuestro sol.
Los investigadores también intentaron determinar el período rotacional del núcleo de 3I/ATLAS, aunque no obtuvieron suficientes señales claras para delimitar su movimiento. Es probable que una ‘coma’ (una atmósfera de gas y polvo) estuviera oscureciendo las características visibles del objeto, dificultando así la detección de cambios en su brillo debidos a la rotación.
A medida que los astrónomos continúan estudiando nuevos objetos intergalácticos, se espera que se descubran más características y comportamientos que contribuyan a nuestro entendimiento del universo. Este estudio sobre 3I/ATLAS enriquece nuestra base de conocimiento y destaca la importancia de explorar datos pasados en la búsqueda de misterios cósmicos.
