La reciente estrategia del presidente estadounidense Donald Trump para destituir a la gobernadora de la Reserva Federal, Lisa Cook, es una maniobra que va más allá de simplemente cambiar a un funcionario. De tener éxito, esta acción podría marcar un cambio significativo en una institución que, durante mucho tiempo, ha sido considerada como un bastión de independencia política en el ámbito económico.
Desde su llegada a la Casa Blanca en enero, Trump ha puesto a la Reserva Federal en el punto de mira de su poder ejecutivo. Ha criticado a los banqueros centrales por no reducir las tasas de interés, ha amenazado con destituir al presidente Jerome Powell, y ahora ha dado un paso sin precedentes al intentar desbancar a Cook. Para el presidente, la búsqueda de tasas de interés más bajas es una vía para gestionar la creciente deuda federal y revitalizar un mercado de la vivienda que ha sido un contrapeso a una economía que, en otros aspectos, sigue en crecimiento.
Sin embargo, expertos legales y financieros han advertido que estas acciones de Trump no solo podrían politizar aún más a la Reserva Federal, sino que también podrían socavar pilares clave del sistema financiero estadounidense. La independencia de la Reserva Federal es un concepto que se refiere a su autonomía para determinar políticas monetarias que sean beneficiosas para la economía del país, incluso si estas decisiones son impopulares, como cuando el Comité Federal de Mercado Abierto aumenta las tasas de interés para combatir la inflación.
Los peligros de una Reserva Federal politizada
Si Trump logra que la mayoría de los miembros de la junta de gobernadores vote a su favor, tendría acceso a palancas clave que controlarían la economía y la infraestructura financiera de la nación. La junta de siete miembros tiene poder regulatorio y de ejecución sobre los bancos, y tiene la capacidad de establecer la tasa de descuento, que es crucial para determinar el valor presente del dinero.
Además, la Junta tiene control sobre las reelecciones de los presidentes de los 12 bancos regionales, lo que podría cambiar drásticamente la dinámica de la política monetaria en los Estados Unidos. Según algunos analistas, la situación es preocupante, ya que podría llevar a una erosión de la confianza en la Reserva Federal, algo que podría tener consecuencias graves para la salud a largo plazo de la economía.
Desde la administración, los aliados de Trump sostienen que creen en la independencia de la Reserva Federal, pero consideran que la institución ha ido demasiado lejos y necesita ser controlada. Sin embargo, el presidente ha dejado claro que evaluará a los candidatos para las vacantes de la Junta en función de su disposición a reducir las tasas, lo que plantea interrogantes sobre la verdadera independencia de la institución.
Críticos como el exvicepresidente de la Reserva Federal, Roger Ferguson, han señalado que lo que está en juego es la posibilidad de desmantelar 90 años de independencia de la Reserva Federal, un logro que ha sido fundamental en la historia económica de Estados Unidos.
La batalla por la independencia de la Reserva Federal es un reflejo de las tensiones políticas más amplias que se desarrollan en el país, y las implicaciones de las acciones de Trump podrían extenderse más allá de la economía estadounidense, afectando la percepción del dólar y la estabilidad financiera global. En este contexto, la Reserva Federal enfrenta uno de los desafíos más significativos de su historia, un desafío que podría redefinir su papel y su relación con el poder político.
