Un nuevo libro biográfico sobre Æthelstan, escrito por el profesor David Woodman, marca el milenario de su coronación en 925 d.C. y reivindica su título como el primer rey de Inglaterra. Woodman, que enseña en la Universidad de Cambridge, busca dar a conocer las múltiples contribuciones de Æthelstan y su papel fundamental en la creación de la Inglaterra moderna en 927 d.C.
Mientras que eventos como la Batalla de Hastings en 1066 o la firma de la Carta Magna en 1215 son ampliamente reconocidos, pocos conocen la historia de 925 o 927 d.C. Woodman está decidido a cambiar esta percepción, no solo a través de su libro, sino también mediante la propuesta de un monumento conmemorativo que honre a este rey olvidado. Este podría ser una estatua o una placa en lugares significativos como Westminster, Eamont Bridge o Malmesbury, donde Æthelstan fue enterrado.
La falta de reconocimiento de Æthelstan
Según Woodman, la ausencia de un biógrafo que promoviera la historia de Æthelstan ha contribuido a su olvido. A diferencia de su abuelo, Alfredo el Grande, que tuvo al clérigo galés Asser para alabar sus logros, Æthelstan pasó a la historia sin un defensor que resaltara su legado. Tras su muerte en 939 d.C., la propaganda posterior favoreció a su sucesor, el rey Edgar, quien fue recordado por sus reformas en la iglesia, opacando así las innovaciones de Æthelstan en el ámbito educativo y religioso.
Historiadores contemporáneos han minimizado la importancia de Æthelstan, argumentando que la fragmentación del reino tras su muerte implica que no logró consolidar su creación. Sin embargo, Woodman sostiene que el hecho de que el reino no perdurara no resta valor a los logros de Æthelstan. Su visión política y su capacidad para unir diversas regiones bajo un solo reino fueron fundamentales en la historia de Inglaterra.
Woodman presenta evidencia de que Æthelstan fue un rey militarmente fuerte, capaz de expandir y defender su reino. En 927 d.C., logró autoridad sobre York, un fuerte asentamiento vikingo, y estableció su dominio sobre una área que hoy reconocemos como Inglaterra. Además, reunió a reyes galeses y escoceses en asambleas reales, uniendo a nobles de distintas regiones bajo su liderazgo.
Un episodio destacado de su reinado fue la Batalla de Brunanburh en 937 d.C., donde Æthelstan derrotó a una formidable coalición de vikingos y aliados. Woodman argumenta que este enfrentamiento debería ser tan conocido como la Batalla de Hastings, ya que fue crucial para la consolidación del nuevo reino inglés.
En términos de gobierno, Æthelstan implementó una revolución administrativa, transformando documentos reales simples en elaboradas declaraciones de poder. Durante su reinado, la producción de documentos reales se centralizó, mejorando la eficiencia gubernamental en un período en que muchas partes de Europa estaban fragmentándose.
Además, Æthelstan promovió el aprendizaje y la religión, revirtiendo una declinación en el conocimiento provocada por las incursiones vikingas. Su corte se convirtió en un centro de aprendizaje, atrayendo a eruditos de toda Europa y fomentando el desarrollo de la iglesia. La influencia de Æthelstan en la cultura y la educación ha sido considerablemente subestimada, y su legado merece ser reconocido y celebrado en la historia de Inglaterra.
