Recientemente, la figura de Dezi Freeman, un fugitivo acusado de doble asesinato en Australia, ha despertado un intenso debate sobre los vínculos entre su caso y los movimientos de «preppers» o personas que se preparan para situaciones de emergencia. A medida que la especulación crece, surgen cuestiones sobre la naturaleza del «prepping» en el contexto australiano y su significado cultural más amplio.
Un usuario en un grupo destacado de Facebook de «preppers» australianos expresó su preocupación: «No me gusta que la comunidad de preppers vuelva a ser vista como loca. No hay razón para disparar a la policía. Podemos no estar de acuerdo con algunas leyes, pero también somos parte de la ley». Estas palabras reflejan la necesidad de entender quiénes son realmente los «preppers» en Australia, sus motivaciones y cómo se diferencian de otros grupos como los «survivalists» o los «sovereign citizens».
La diversidad del «prepping» australiano
El «prepping» en Australia abarca una amplia gama de identidades y creencias. Investigadores han identificado distintos tipos de «preppers», desde aquellos motivados por la crisis climática hasta los religiosos y los que creen en catástrofes inminentes provocadas por cambios magnéticos en la Tierra. Esta diversidad sugiere que muchos pueden identificarse con múltiples categorías de preparación, cada una con diferentes grados de compromiso y seriedad.
En comparación con sus homólogos estadounidenses, los «preppers» australianos tienden a centrarse menos en la posesión de armas y más en la preparación de alimentos, agua y la construcción de comunidades resilientes. En lugar de imaginar un futuro marcado por el caos urbano y la guerra civil, muchos australianos contemplan escenarios de desastres naturales, como inundaciones, incendios forestales y olas de calor.
Por ejemplo, Luis Merlo, un padre de familia de Brisbane, comparte cómo se preparó tras sufrir los estragos de una inundación en 2009: «Perdimos la electricidad durante tres días. No tenía ni una linterna. Me vi obligado a aprender de mis errores». Sin embargo, existen también «preppers» que se centran en amenazas más complejas, como el temor a una tercera guerra mundial o a un colapso social.
Es importante señalar que, aunque hay grupos de «preppers» con tendencias conspirativas y de extrema derecha, estos son relativamente raros en Australia en comparación con Estados Unidos, donde la cultura apocalíptica está más arraigada.
Los «preppers» australianos, en su mayoría, muestran una inclinación hacia la colaboración comunitaria en lugar de la militarización. Por ejemplo, el Australian People’s Survival League enfatiza la ayuda mutua y la preparación civil en lugar de las tácticas de milicia. Su secretario general, John Scarinci, ha advertido sobre el riesgo de una «Efecto Marauder», donde individuos armados pueden ignorar la ley y amenazar a otros ciudadanos.
La cultura del «prepping» en Australia, por lo tanto, se presenta como una respuesta pragmática a las crecientes preocupaciones por el cambio climático y los desastres naturales, en lugar de un movimiento ideológico que desafía abiertamente al estado. Aquellos que se preparan no buscan derrocar al gobierno, sino que, por el contrario, pueden ver al estado como incapaz de proteger a sus ciudadanos durante emergencias.
En el contexto del caso de Dezi Freeman, se plantea la cuestión de cómo esta narrativa podría influir en la percepción pública del «prepping» y de las personas que se dedican a esta actividad en Australia. A medida que las tensiones sociales y la polarización aumentan, el «prepping» podría ser visto como una forma de resistencia a las crisis que ya están comenzando a manifestarse en la sociedad.
