Un equipo de científicos ha realizado un hallazgo notable en el suroeste de Inglaterra: el descubrimiento del miembro más antiguo conocido de la familia de los lagartos. Este diminuto reptil, que vivió hace 242 millones de años, se valía de sus grandes dientes para cazar cucarachas durante el periodo del Triásico Medio, justo antes de la aparición de los dinosaurios.
El fósil, que se encontró en una playa rica en fósiles en Devon en 2015, es tan pequeño que su cuerpo completo podría caber en la palma de una mano. Dan Marke, investigador de la Universidad de Bristol, destacó que «el nuevo animal es diferente a cualquier cosa que hayamos descubierto hasta ahora y nos ha hecho replantearnos la evolución de los lagartos, las serpientes y el tuatara,» este último un reptil originario de Nueva Zelanda.
Características del fósil y su relevancia
El esqueleto de este antiguo reptil pertenece al orden de los lepidosaurios, que incluye a los lagartos y las serpientes. A pesar de que los lagartos modernos cuentan con un cráneo parcialmente bisagra y numerosos dientes en el techo de la boca, este ancestro carecía de ambas características. Marke indicó que «el nuevo fósil muestra casi nada de lo que esperábamos,» lo que desafía las concepciones previas sobre la evolución de estos reptiles.
Una de las características más sorprendentes del Agriodontosaurus helsbypetrae, nombre dado al fósil en honor a la formación de arenisca de Helsby donde fue hallado, son sus dientes desproporcionadamente grandes en comparación con sus parientes más cercanos. Este reptil utilizaba sus dientes para perforar y desgarrar las cutículas duras de sus presas insectívoras, de manera similar a como lo hace el tuatara en la actualidad, según Michael Benton, coautor del estudio.
El estudio del fósil presentó desafíos significativos debido a su tamaño: el cráneo mide apenas 1.5 centímetros de ancho y estaba preservado en una gran roca. Para investigar sus características, los científicos utilizaron la instalación de radiación sincrotrón europea, que funciona como un microscopio gigante capaz de generar rayos X 100 mil millones de veces más brillantes que los utilizados en hospitales. Este método permitió a los investigadores obtener imágenes de alta resolución del fósil.
Este descubrimiento no solo amplía nuestro conocimiento sobre la evolución de los reptiles, sino que también resalta la importancia de la investigación paleontológica en la comprensión de la biodiversidad y la historia de la vida en la Tierra. La ciencia sigue ofreciendo respuestas que nos permiten entender mejor nuestro pasado y las interconexiones entre especies, un aspecto fundamental en el contexto actual de cambio climático y conservación de la biodiversidad.
