La extracción, el transporte y la quema de combustibles fósiles tienen un impacto significativo en la salud de las personas, un efecto que comienza antes de que nazcan y se extiende a lo largo de toda su vida, según un informe publicado recientemente. Este estudio, elaborado por la Global Climate and Health Alliance, que agrupa a más de 200 organizaciones y 46 millones de trabajadores de la salud en todo el mundo, representa un análisis exhaustivo de cómo los combustibles fósiles afectan la salud a lo largo de las diferentes etapas de la vida.
La contaminación provocada por combustibles fósiles, como el petróleo, el carbón y el gas, se ha relacionado con una amplia gama de problemas de salud, que incluyen abortos espontáneos, asma, cáncer, accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas. Shweta Narayan, autora del informe, subraya que «los combustibles fósiles son un ataque directo a la salud, perjudicándonos en cada etapa de su ciclo de vida y en cada etapa de nuestras vidas, desde el útero hasta la vejez».
Impactos en la salud a lo largo de la vida
Vivir cerca de minas de carbón o sitios de fracking se ha asociado con tasas más altas de partos prematuros, abortos espontáneos y otros problemas durante el embarazo. Durante la infancia, la contaminación del aire derivada de los combustibles fósiles está vinculada a tasas elevadas de asma y cánceres como la leucemia. En la vejez, las personas expuestas a la contaminación del aire tienen un mayor riesgo de enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, ciertos tipos de demencia y muerte prematura.
Además de los impactos en la salud derivados de la extracción y quema de combustibles fósiles, su transporte también representa una amenaza, como en el caso de fugas de gas que contaminan sistemas de agua o derrames masivos de petróleo. Una vez que los combustibles han sido quemados, sustancias químicas como el plomo, el mercurio y los «químicos eternos» PFAS persisten en el suelo, el agua y la cadena alimentaria, según advierte el informe.
Los fenómenos meteorológicos extremos, exacerbados por el calentamiento global impulsado por los combustibles fósiles, pueden agravar los efectos sobre la salud. Por ejemplo, los huracanes pueden destruir instalaciones de salud, mientras que el humo de los incendios forestales puede provocar problemas respiratorios. Este inmenso costo en salud a menudo recae de manera desproporcionada sobre comunidades ya desfavorecidas y marginadas en naciones más pobres.
En el distrito de Korba, en el centro de India, los niños y ancianos que viven cerca de minas de carbón «sufren de asma, bronquitis y tuberculosis; las familias enfrentan defectos de nacimiento, infecciones cutáneas y enfermedades estomacales por el agua contaminada», señala Neha Mahant, trabajadora de salud local. «El carbón no solo genera electricidad, sino que genera sufrimiento», añade.
Christiana Figueres, exjefa de la ONU para el clima, enfatiza la urgencia de una transición rápida hacia energías renovables, afirmando que «la era de los combustibles fósiles ha envenenado nuestro aire, roto la salud y fracturado la dignidad». La directora ejecutiva de la Global Climate and Health Alliance, Jeni Miller, hace un llamado a los gobiernos para que se comprometan a detener nuevos proyectos de petróleo, gas y carbón en la próxima conferencia climática COP30 de la ONU en Brasil.
La alianza también insta a los gobiernos a dejar de subsidiar los combustibles fósiles, que sumaron 7 billones de dólares en 2022, lo que representa más del siete por ciento del PIB global, según el Fondo Monetario Internacional. A pesar de las repetidas advertencias sobre los devastadores impactos del cambio climático causado por el ser humano, el año pasado el mundo volvió a romper el récord de emisiones de dióxido de carbono derivadas de combustibles fósiles.
