Un estudio publicado en el Journal of Applied Ecology ha revelado importantes hallazgos sobre la migración de las aves cantoras en aguas costeras de América del Norte, datos que podrían contribuir a la reducción de colisiones fatales entre estas aves y los aerogeneradores. La investigación se basa en un análisis de diez años de datos de radar meteorológico recogidos en 16 localidades, que abarcan desde Maine hasta Florida y alrededor del Golfo de México hasta Texas.
Los resultados indican que la migración offshore de aves en la costa atlántica y el Golfo de México se produce en pulsos más concentrados y durante un período de tiempo más corto en comparación con la migración terrestre. Además, se identificó que un mayor número de aves realiza su migración en otoño en lugar de en primavera, incluyendo a jóvenes que emprenden su primer viaje hacia el sur.
Características de la migración offshore
Shannon Curley, autora principal del estudio y becaria postdoctoral en el Cornell Lab of Ornithology, señala que «la migración offshore ocurre en menos noches que la migración terrestre, ya que las aves pueden ser más selectivas sobre cuándo migrar sobre el agua». Los grandes cuerpos de agua carecen de lugares donde descansar y reabastecerse, lo que lleva a las aves a esperar condiciones climáticas óptimas, como vientos favorables, antes de emprender un cruce marítimo.
Este breve pero crítico periodo para millones de aves que migran offshore cada año podría ofrecer a los gestores de energía eólica una oportunidad para reducir las colisiones. Según Adriaan Dokter, coautor del estudio y líder del proyecto BirdCast, «se podría pausar la operación de los aerogeneradores durante las noches de migración más intensas». Esta práctica, que es más común en Europa que en América del Norte, podría permitir un paso seguro para las aves con una pérdida mínima de energía.
El estudio también destaca que las aves migratorias offshore vuelan a altitudes más bajas en comparación con sus contrapartes terrestres, lo que las coloca en un mayor riesgo de colisiones con aerogeneradores. Los investigadores observaron que la migración offshore es común en ambas costas analizadas, con cientos de millones de aves involucradas. Sin embargo, más aves cruzan la parte occidental del Golfo de México en primavera y la parte oriental en otoño, lo que podría permitir a los gestores de energía eólica ajustar sus operaciones estacionalmente para minimizar las muertes de aves.
El número de muertes de aves reportadas en aerogeneradores terrestres en Estados Unidos oscila entre 140,000 y 327,000 anualmente, según el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de EE. UU. Las fatalidades en sitios offshore son difíciles de cuantificar debido a la dificultad de encontrar cadáveres antes de que sean arrastrados por el agua, lo que hace que la utilización de tecnología de radar para identificar áreas de alto riesgo sea fundamental.
Un estudio de 2015 estimó que los aerogeneradores terrestres representaban menos del 0.02% de la mortalidad total causada por humanos, siendo los gatos y los impactos con ventanas responsables de un número significativamente mayor de muertes. Con un tercio de todas las especies de aves estadounidenses en rápido declive, según el informe del Estado de las Aves de EE. UU., las decisiones basadas en datos sobre la ubicación y operación de los aerogeneradores son cruciales para avanzar hacia una energía sostenible que también proteja a las aves.
Curley expresó la esperanza de que este trabajo ayude a identificar áreas de alto riesgo y uso intensivo para las aves, buscando así soluciones de energía verde efectivas que beneficien tanto a la conservación como a la producción energética.
