Los Premios Ig Nobel, que celebran el lado más peculiar y a menudo cómico de la ciencia, han revelado sus ganadores en su 35ª edición, celebrada recientemente en la Universidad de Boston. Estos premios, organizados por la revista de humor científico Annals of Improbable Research, son un recordatorio de que la investigación científica puede ser tan divertida como seria, al mismo tiempo que se pone de manifiesto la creatividad y la curiosidad humana.
Premios destacados
Entre los ganadores de este año, un equipo de investigadores japoneses se llevó el premio de biología por su estudio sobre la eficacia de pintar rayas de cebra en vacas, lo que demostró reducir la cantidad de moscas que las molestan. La ceremonia fue amenizada cuando uno de los investigadores, al aceptar el galardón, fue rodeado de sus colegas que agitaban palos con imágenes de moscas, culminando en un divertido momento cuando se quitó la chaqueta para mostrar una camiseta a rayas de cebra.
En el ámbito de la nutrición, un grupo de investigadores italianos se llevó el premio al descubrir que las lagartijas en Togo prefieren el pizza de cuatro quesos cuando roban comida en los complejos turísticos. El investigador Luca Luiselli, al leer su discurso de aceptación, bromeó sobre cómo los reptiles se comportan como italianos al descubrir los sabores de la pizza.
Por otro lado, un estudio realizado por un equipo de científicos de los Países Bajos, Alemania y el Reino Unido, que ganó el premio de la paz, sugiere que consumir alcohol, en dosis moderadas, puede ayudar a mejorar la pronunciación de un idioma extranjero. Esta investigación surgió después de observar que los alemanes ebrios suelen hablar mejor el neerlandés que cuando están sobrios. Sin embargo, los investigadores advierten que el consumo de alcohol no es una herramienta recomendable para el aprendizaje de idiomas.
El premio de física fue otorgado a un grupo europeo que indagó sobre la física de la salsa de pasta, especialmente sobre cómo evitar que se aglutine al preparar el famoso plato italiano cacio e pepe. Un investigador, imitando estereotipos culturales, apareció en la ceremonia con un sombrero de chef y un bigote falso.
Otros premiados incluyeron a un equipo que estudió cómo el alcohol en frutas fermentadas afecta a los murciélagos, descubriendo que interfiere con su capacidad de volar y orientarse mediante la ecolocalización. En el ámbito de la literatura, el premio fue póstumo para el investigador estadounidense William B. Bean, quien dedicó 35 años a documentar el crecimiento de sus uñas.
La psicología también tuvo su representación, premiando a un equipo internacional que investigó la influencia de la autoimagen en los narcisistas. Durante su presentación, llevaron a cabo una divertida actividad con el público, invitándolos a cantar sobre sentirse especiales.
En pediatría, dos investigadores estadounidenses mostraron que los bebés disfrutan del sabor del ajo en la leche materna, desafiando la creencia de que las madres deben consumir alimentos insípidos durante la lactancia. También, un equipo de EE. UU. e Israel fue galardonado por su estudio sobre si comer Teflón ayuda a sentirse lleno sin aumentar la ingesta calórica.
Finalmente, los investigadores indios que exploraron cómo el mal olor de los zapatos puede afectar la experiencia de usar un zapatero se llevaron el premio de ingeniería. Su investigación incluyó el uso de «narices humanas valientes» para detectar niveles de olor, dado que sus sensores no funcionaron adecuadamente.
