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Investigadores en EE. UU. renuncian al término «desinformación» por su carga política

In Sin categoría
septiembre 23, 2025

En Estados Unidos, el término «desinformación» se ha convertido en un concepto polémico, tan cargado de connotaciones políticas que algunos investigadores han decidido abandonarlo en sus estudios. En un clima político cada vez más polarizado, el estudio de la desinformación es más relevante que nunca, pero sus defensores enfrentan recortes en la financiación federal, un aumento en los ataques personales y amenazas de muerte, exacerbadas por acusaciones de sesgo por parte de defensores conservadores.

Conscientes de la necesidad de mantener el debate público sobre la proliferación de falsedades en internet, algunos académicos han optado por un lenguaje más neutro. Este cambio busca evitar que términos como «desinformación» inflamen las discusiones y desvíen la atención del contenido en cuestión. Recientemente, la organización de vigilancia NewsGuard anunció que retiraba las etiquetas «desinformación» y «desinformación», alegando que estos términos se habían convertido en armas partidistas.

Un ecosistema informativo fracturado

NewsGuard ha renombrado su base de datos de «huellas de desinformación» a «huellas de afirmaciones falsas», un cambio que consideran más preciso y menos susceptible a interpretaciones partidistas. McKenzie Sadeghi, portavoz de NewsGuard, argumenta que «una frase como ‘afirmación falsa’ es más poderosa y precisa que ‘desinformación’, ya que nombra el problema de manera clara y dirige la atención al contenido en sí mismo».

La terminología relacionada con la desinformación no es nueva, pero su uso ha sido manipulado por gobiernos e intereses particulares para silenciar críticas y obstaculizar debates legítimos. Según Peter Cunliffe-Jones, autor del libro «Fake News—What’s the harm», es fundamental utilizar etiquetas más específicas que expliquen cómo la información es falsa o engañosa. Esto podría ayudar a reducir las disputas cínicas y fomentar un mejor entendimiento entre las partes.

En este contexto, algunos gobiernos, como el de Rusia, descalifican informes de medios occidentales como «desinformación». Además, hay estados que han cooptado la verificación de hechos, lanzando «verificaciones de hechos» patrocinadas por el Estado para legitimar su propia propaganda.

La situación se complica a medida que las grandes plataformas tecnológicas reducen su moderación de contenido, lo que genera preocupaciones sobre el aumento de la desinformación. Emerson Brooking, del Atlantic Council’s Digital Forensic Research Lab, advierte que si se abandona el término «desinformación», se corre el riesgo de no tener un reemplazo claro que describa la intención de engañar. La claridad en este aspecto es crucial, especialmente cuando se observan campañas organizadas de desinformación en las redes sociales.

Sin embargo, el uso de la palabra «desinformación» ha sido tan politicizado que algunos funcionarios de la administración del expresidente Donald Trump han equiparado la investigación sobre desinformación con censura. Esto ha resultado en la cancelación de numerosos proyectos de investigación sobre el tema, incluyendo la clausura de centros dedicados a contrarrestar la manipulación informativa por parte de actores extranjeros.

Brooking sostiene que, aunque el término «desinformación» puede parecer provocador, su valor descriptivo sigue siendo relevante. La lucha contra la manipulación informativa autoritaria en el mundo exige que no se censuren los propios términos, ya que eso podría debilitar los esfuerzos por combatir la desinformación.

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