Veintiún años después del lanzamiento de Facebook, los 25 principales medios de comunicación de Australia han acumulado un total de 27,6 millones de seguidores en la plataforma. Su dependencia de Facebook es más notable que nunca, publicando un número significativamente mayor de historias en este espacio que en épocas anteriores.
Un reciente estudio de datos masivos analizó más de tres millones de publicaciones de 25 editores de noticias australianos, con el objetivo de comprender cómo se distribuye el contenido, cómo las audiencias interactúan con los temas noticiosos, y la naturaleza de la difusión de la desinformación. Este análisis ofreció la posibilidad de rastrear comentarios en Facebook y examinar ejemplos concretos de cómo se propaga la desinformación, abordando temas como la integridad electoral, el medio ambiente y la salud, incluyendo la promoción de la hidroxicloroquina durante la pandemia de COVID-19.
Misinformación y sus repercusiones en la salud pública
Un caso particular que destaca es el de las afirmaciones falsas sobre el medicamento antipalúdico hidroxicloroquina como tratamiento viable para el COVID-19. En Australia, al igual que en Estados Unidos, figuras políticas y medios de comunicación jugaron un papel crucial en la difusión de esta idea. Clive Palmer, un magnate minero y entonces líder del Partido de Australia Unida, promovió activamente la hidroxicloroquina, anunciando en marzo de 2020 su intención de financiar ensayos clínicos y acopiar el fármaco.
Las interacciones en línea revelan un debate robusto sobre la efectividad del fármaco, a pesar de los esfuerzos de verificación de datos. Sin embargo, los hechos por sí solos no han logrado detener la propagación de la desinformación y las teorías de conspiración relativas a la hidroxicloroquina, que no solo atacaron al medicamento, sino que también cuestionaron la credibilidad del gobierno, los medios y la industria farmacéutica.
Las consecuencias de esta desinformación son alarmantes. Estudios de salud pública estiman que el uso de hidroxicloroquina estuvo vinculado a al menos 17,000 muertes a nivel mundial, aunque el verdadero impacto podría ser aún mayor. Además, la disponibilidad del fármaco para tratamientos legítimos de condiciones no relacionadas con COVID, como la artritis reumatoide y el lupus, se vio afectada por el acaparamiento, lo que provocó angustia y empeoramiento de los síntomas en pacientes necesitados.
En otros casos, la desinformación ha socavado la confianza pública en instituciones y organizaciones no gubernamentales. Tras las inundaciones en Queensland y Nueva Gales del Sur en 2022, la desinformación sobre la Cruz Roja proliferó en línea, amplificada por comentarios políticos, lo que generó cambios en el comportamiento de donación pública. Algunas personas optaron por comprar tarjetas regalo para los afectados en vez de confiar en la Cruz Roja para distribuir fondos necesarios, lo que pone de manifiesto el daño significativo que puede causar la desinformación a la confianza pública y a los esfuerzos de respuesta ante desastres.
La investigación también revela la naturaleza cíclica de la desinformación, un fenómeno que hemos denominado «adhesión» de la desinformación, ya que reaparece en intervalos regulares, como durante las elecciones. En un ejemplo, los funcionarios electorales fueron objeto de acusaciones falsas de manipulación de votos, una teoría de conspiración que ha existido mucho antes de la era de las redes sociales. A pesar de los esfuerzos de desmentido por parte de comisiones electorales y verificadores de hechos, el compromiso del público con estas informaciones erróneas parece ser mayor que el de las fuentes oficiales.
Este estudio ofrece lecciones importantes para figuras públicas e instituciones. Es crucial que los políticos lideren la lucha contra la desinformación, ya que sus declaraciones engañosas son rápidamente amplificadas por el público. Los medios de comunicación, tanto sociales como tradicionales, tienen un papel fundamental en limitar la circulación de la desinformación, especialmente considerando que los australianos dependen cada vez más de las redes sociales para informarse. Las plataformas digitales deben también actuar para frenar la difusión algorítmica de contenido peligroso que puede causar daños reales.
Finalmente, aunque la verificación de hechos es valiosa, no es una solución única. Combatir la desinformación requiere un enfoque multifacético que incluya mensajes de contrapeso por parte de líderes cívicos de confianza, campañas de alfabetización mediática y un uso responsable de las redes sociales.
