En julio de 2024, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió Calama, Chile, causando daños significativos a edificios y cortes de energía en la región. Este evento sísmico se produjo en un contexto geológico donde Chile es conocido por sus violentos terremotos, incluyendo el megaterremoto de 9.5 que devastó el país en 1960. Sin embargo, el temblor de Calama se diferenció de estos fenómenos al ocurrir a una profundidad inusitada, 125 kilómetros bajo la superficie terrestre, dentro de la propia losa tectónica.
Los terremotos que se originan a estas profundidades suelen provocar temblores menos intensos en la superficie. No obstante, un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Chile ha revelado una cadena de eventos que intensificaron la fuerza de este sismo en particular. Publicados en la revista Nature Communications, estos hallazgos tienen implicaciones significativas para las futuras evaluaciones de riesgos sísmicos.
Un nuevo mecanismo de ruptura sísmica
Los terremotos de profundidad intermedia, como el de Calama, se creían causados principalmente por la acumulación de presión debido a la deshidratación de las rocas, un proceso conocido como «quebrantamiento por deshidratación». Este fenómeno ocurre cuando una placa tectónica subducta hacia el interior caliente de la Tierra, donde el aumento de temperatura y presión expulsan el agua de los minerales de la roca, debilitándola y haciéndola propensa a la ruptura.
Tradicionalmente, se pensaba que este proceso se detenía a temperaturas superiores a 650 grados Celsius. Sin embargo, los investigadores señalan que el terremoto de Calama fue excepcionalmente potente porque superó este límite, penetrando 50 kilómetros más profundo en zonas más calientes a través de un segundo mecanismo denominado «carrera térmica». Este último involucra una fricción inmensa que genera una gran cantidad de calor en la punta de la ruptura, debilitando el material circundante y acelerando el avance del desgarro.
El profesor Zhe Jia, autor principal del estudio, afirmó: «Es la primera vez que vemos un terremoto de profundidad intermedia romper con las suposiciones, rompiendo desde una zona fría hasta una realmente caliente y viajando a velocidades mucho más rápidas». Este descubrimiento resalta la complejidad de los procesos sísmicos y la necesidad de una comprensión más profunda sobre cómo ocurren estas catástrofes naturales.
Para analizar el terremoto y su deformación, el equipo de la Universidad de Texas colaboró con investigadores en Chile y Estados Unidos, integrando diversos tipos de análisis. Esto incluyó el estudio de datos sísmicos que capturaron la propagación y velocidad de la ruptura, así como datos de posicionamiento geoposicional del Sistema Global de Navegación por Satélite para medir cómo se deslizó la falla, y simulaciones por ordenador para estimar la temperatura y composición en la zona de ruptura.
Consciente de que otro gran terremoto es inminente en Chile, la comunidad científica ha intensificado la investigación sísmica y la instalación de múltiples sismómetros y estaciones geodésicas para monitorear los sismos y la deformación de la corteza en la región. Comprender mejor cómo ocurren los terremotos a diferentes profundidades podría ayudar a predecir la magnitud y naturaleza de futuros eventos, lo que, a su vez, contribuiría a planificar infraestructuras, sistemas de alerta temprana y respuestas rápidas ante emergencias.
