Un reciente estudio de la Universidad de Waikato, publicado en Frontiers in Plant Science, ha puesto de manifiesto cómo la variabilidad climática afecta la producción de néctar en diversas especies de plantas nativas de Nueva Zelanda. Este hallazgo no solo tiene implicaciones para la industria apícola del país, sino que también es relevante para la conservación de sus ecosistemas.
El néctar es un recurso alimenticio esencial para muchas aves e insectos nativos, así como un componente fundamental en la producción de miel, especialmente de variedades como la mānuka. La investigación, liderada por la Dra. Johanna van Delden, muestra diferencias claras en las características del néctar en función de las zonas climáticas y las especies estudiadas.
Impacto del clima en la producción de néctar
Según la Dra. van Delden, el clima influye de manera diferente en los volúmenes de néctar de las distintas especies analizadas. Este fenómeno se traduce en que no existe un patrón único aplicable a todas las plantas. Por ejemplo, mientras que en el tarata (pittosporum o lemonwood) se observó un aumento en la cantidad de azúcar con el incremento de las lluvias anuales, en el tī kōuka (cabbage tree) sucedía lo contrario.
La investigadora compara la variabilidad de respuestas entre especies con la diferencia entre elefantes y ratones; aunque ambos son mamíferos, sus biologías y respuestas ecológicas son enormemente distintas. Este estudio permite a los científicos modelar el volumen de néctar y los niveles de azúcar, así como el tamaño y peso de las flores de las especies nativas estudiadas, facilitando su aplicación práctica.
Para los apicultores, estos modelos pueden ser una herramienta valiosa para identificar las áreas donde es más probable que las colmenas produzcan miel de alta calidad, orientando así sus decisiones sobre el desplazamiento de las abejas. En el ámbito de la conservación, la investigación resulta crucial. Los equipos de conservación que están reintroduciendo aves nativas en localidades como la Isla Kāpiti pueden evaluar qué especies de árboles están presentes y prever si habrá suficiente néctar para mantener a las aves.
Si se determina que las fuentes de alimento son insuficientes, los datos obtenidos pueden señalar ubicaciones alternativas con mejores posibilidades de supervivencia.
Durante dos años consecutivos, la Dra. van Delden y su equipo—integrado por el profesor Sebastian Leuzinger de AUT, la Dra. Sarah Richardson de Manaaki Whenua—Landcare Research, y el profesor asociado Michael Clearwater de la Universidad de Waikato—se dedicaron a muestrear néctar de ocho especies de plantas nativas comunes en Nueva Zelanda, abarcando la mayoría de las zonas climáticas del país.
Las especies muestreadas incluyeron el tī kōuka, el kōwhai, el karo (pittosporum crassifolium), el tarata, el pōhutukawa, el kōtukutuku (fuchsia excorticata), el kōhūhū (pittosporum tenuifolium) y la mānuka. Aunque no se encontró un patrón único entre todas las especies, emergió una tendencia: los sitios más soleados tienden a producir flores más grandes con menos néctar, mientras que las áreas más secas generan néctar con mayores concentraciones de azúcar.
