En la región de Attappadi, Kerala, India, la comunidad Irula enfrenta un preocupante desafío en su salud infantil y nutricional. Neethu, una joven madre de 24 años, refleja la angustia de muchas mujeres de su comunidad al comentar sobre su segundo embarazo: «El doctor dijo que el bebé está en un estado sensible». Esta preocupación se intensifica al recordar que su primer hijo no sobrevivió más de unas semanas tras el nacimiento. Entre 2012 y 2021, se reportaron oficialmente 136 muertes infantiles en Attappadi, un número que se estima es mucho mayor, especialmente en una región que, a nivel estatal, presenta las tasas más bajas de mortalidad infantil en India.
La malnutrición es un problema bien documentado entre los Adivasis, los pueblos indígenas de esta región. Esta condición no solo afecta la salud de las madres embarazadas y lactantes, sino que también está directamente relacionada con la mortalidad infantil. Las familias Adivasi creen firmemente que estas muertes son evitables. Investigaciones sobre los cambios en el paisaje de Attappadi han confirmado que la pérdida de tierras propias ha erosionado las fuentes tradicionales de nutrición.
Respuestas gubernamentales y desafíos persistentes
El gobierno estatal ha intentado abordar el problema de la mortalidad infantil y la malnutrición mediante la expansión de proyectos de salud y agricultura. La creación del «hospital multispecialty tribal» en Kottathara en 2007 es un símbolo notable de estos esfuerzos. Para garantizar que todos tengan acceso a alimentos nutritivos, se han implementado provisiones especiales para los Adivasis. Trabajadores comunitarios de salud visitan regularmente a mujeres embarazadas y lactantes, mientras que representantes del gobierno local y voluntarios se esfuerzan por asegurar que las mujeres Adivasi den a luz en hospitales.
No obstante, la comunidad Adivasi de Attappadi no está convencida de que estas medidas vayan a resolver sus problemas. Maariyamma, una anciana de la comunidad, sostiene que las muertes infantiles son consecuencia de la disminución histórica de la agricultura de mijo, la destrucción ecológica y la reciente alienación de tierras. Desde el siglo XIX, Attappadi ha sido explotada por la industria maderera bajo el dominio colonial, lo que resultó en la pérdida de control de los Adivasis sobre sus tierras y bosques.
Las comunidades Irula, Muduga y Kurumba cultivaban diversas variedades de mijo, utilizando prácticas agrícolas sostenibles que fomentaban la regeneración del suelo. Sin embargo, la agricultura de mijo ha ido en declive desde mediados del siglo XIX debido a las restricciones impuestas por el departamento forestal colonial y, posteriormente, por la distribución de arroz subsidiado por el estado, que ha cambiado los hábitos alimentarios de la comunidad. La falta de apoyo estatal para el cultivo de mijo ha hecho que muchas familias dependan ahora de arroz barato, carente de valor nutricional.
La alienación de tierras y la degradación ecológica han sido exacerbadas por la llegada de colonos, que han despojado a las comunidades Adivasi de más de 3,000 acres de tierras en tres generaciones. Esta pérdida ha desmantelado su sistema de gobernanza tradicional, que gestionaba la soberanía alimentaria. A pesar de algunos intentos recientes del gobierno por revitalizar la agricultura de mijo, estas iniciativas a menudo no abordan la cuestión de la tierra, lo que limita su efectividad y relevancia para las comunidades afectadas.
El desafío que enfrentan los Adivasis en Attappadi es un claro ejemplo de cómo la salud indígena no puede mejorarse únicamente con intervenciones médicas. La destrucción ecológica y la pérdida de soberanía alimentaria han impactado negativamente en la salud de la población actual. La verdadera solución a estos problemas radica en escuchar y atender las demandas de los pueblos indígenas por la soberanía alimentaria, lo que es esencial para mejorar su resiliencia en salud.
