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Descubren en Chile antiguos trampas de caza que podrían cambiar nuestra visión sobre las sociedades andinas

In Sin categoría
octubre 13, 2025

Un reciente estudio ha puesto de relieve la existencia de un sistema antiguo de trampas de caza en las altas tierras del norte de Chile, evidenciando la ingeniosidad de los grupos sociales que habitaban la región andina. Mediante el uso de imágenes satelitales, se han identificado un total de 76 «chacus», trampas en forma de embudo que se extendían por cientos de metros y que habrían sido empleadas para capturar vicuñas, un pariente salvaje de la alpaca.

Este hallazgo es notable, ya que estructuras similares se han encontrado en otras regiones áridas del mundo, como en Oriente Medio, pero nunca antes se había documentado una concentración tan significativa en esta área. Además, su descubrimiento sugiere que estas trampas podrían ser anteriores a las utilizadas por los Incas.

Un nuevo entendimiento del pasado andino

El estudio, realizado por el Dr. Adrián Oyaneder de la Universidad de Exeter, revela que los «chacus» no son solo artefactos de caza, sino que también indican la existencia de asentamientos y puestos en la región conocida como los Valles Occidentales. Esto desafía la noción de que la transición hacia sistemas agrícolas más asentados se produjo de manera instantánea y sugiere que las prácticas de caza y recolección coexistieron con la agricultura durante siglos.

Según el Dr. Oyaneder, ha existido una discrepancia entre los registros arqueológicos y los etnohistóricos sobre la vida en los Valles Occidentales de Chile durante el periodo colonial. Si bien la investigación arqueológica ha señalado una disminución gradual de la caza y la recolección desde el 2000 a.C. con la introducción de plantas y animales domesticados, los registros históricos, como los documentos fiscales españoles de los siglos XVI al XIX, se refieren a grupos de forrajeo conocidos como ‘Uru’ o ‘Uro’, considerados de escaso interés económico para los colonizadores.

Utilizando datos satelitales de acceso público, el Dr. Oyaneder examinó un área de 4,600 kilómetros cuadrados en la cuenca del río Camarones, prestando especial atención a zonas altas poco estudiadas. Durante cuatro meses, identificó numerosos sitios de interés arqueológico. Sus hallazgos han sido publicados en la revista Antiquity.

Los «chacus» identificados son mayormente trampas en forma de «V», construidas con muros de piedra seca que alcanzan alrededor de 1.5 metros de altura y aproximadamente 150 metros de longitud. Estas trampas se estrechan hacia un recinto de aproximadamente 95 metros cuadrados, que contaba con una profundidad de hasta dos metros, suficiente para atrapar a los animales que eran guiados hacia ellas por los cazadores.

Todas las trampas estaban ubicadas en pendientes pronunciadas, orientadas hacia abajo, y algunas utilizaban características topográficas naturales para crear una de las «antenas» de la trampa. Además, se hallaron a una altitud típica para el hábitat de la vicuña.

El Dr. Oyaneder enfatiza la magnitud de su descubrimiento, afirmando que inicialmente pensó que el primer «chacu» era un caso aislado, pero a medida que avanzaba en su investigación, se dio cuenta de la abundancia de estos artefactos en las tierras altas, en una cantidad nunca antes registrada en los Andes.

Asimismo, el estudio identificó casi 800 asentamientos de pequeña escala, que variaban desde estructuras individuales de no más de un metro cuadrado hasta grupos de más de nueve edificaciones. Estos asentamientos fueron cartografiados utilizando sistemas de información geográfica (GIS) y agrupados en clusters vinculados a los «chacus» y otros asentamientos, todos dentro de un radio de 5 km. Las imágenes fueron capturadas mediante vuelo automatizado a una altura promedio de 60 metros y procesadas con renderización en 3D.

El panorama que emerge de esta investigación sugiere un paisaje ocupado por diversos grupos humanos desde al menos el 6000 a.C. hasta el siglo XVIII. Estos grupos se movían estratégicamente a través de los altiplanos, principalmente atados a los recursos de caza, especialmente la vicuña. La evidencia indica modos de vida superpuestos, combinando la caza-recolección con prácticas agropecuarias, así como una red de asentamientos temporales y puestos que facilitaban el movimiento a través de un terreno accidentado y difícil.

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