Durante el mes de octubre en Estados Unidos, las tiendas que ofrecen productos de Halloween también comienzan a abastecerse con decoraciones para el Día de los Muertos, como guirnaldas de cempasúchil de plástico y calaveras de azúcar pintadas en vibrantes tonos de rosa, azul, amarillo y verde. Aunque muchos estadounidenses están acostumbrados a ver estas coloridas decoraciones, algunos desconocen cómo el Día de los Muertos se ha convertido en una celebración popular en EE.UU., tanto como un evento espiritual y cultural, como una oportunidad comercial lucrativa.
La profesora Regina Marchi, especialista en estudios de periodismo y medios en la Universidad de Rutgers, explica que en los años 70, celebrar un ritual indígena mexicano en un país de mayoría angloamericana fue un acto de resistencia política y un símbolo de orgullo cultural para los artistas chicanos. Su libro, «Día de los Muertos en los EE. UU.: La migración y transformación de un fenómeno cultural», profundiza en la historia, cultura y significados políticos de esta celebración en suelo estadounidense.
La evolución del Día de los Muertos en EE.UU.
La popularidad del Día de los Muertos ha crecido significativamente en los últimos 50 años, especialmente entre poblaciones no latinas. Marchi señala que esta atracción se debe no solo a la naturaleza colorida de la festividad, sino también al deseo de los estadounidenses de tener un evento anual que les permita honrar colectivamente a sus seres queridos fallecidos. La creación de altares en casa o en comunidad se ha convertido en una forma catártica de recordar a quienes han partido, aportando un sentido de conexión y aprecio por la vida.
La celebración del Día de los Muertos en EE.UU. ha adquirido significados diferentes para las comunidades mexicanas en comparación con su celebración en México. Durante los años 60 y 70, un periodo de radicalismo político, muchos grupos étnicos y raciales comenzaron a desafiar su estatus como minorías estigmatizadas y a reivindicar su identidad cultural. El movimiento chicano emergió como una respuesta a décadas de racismo y segregación, utilizando la celebración del Día de los Muertos no solo como un acto de conmemoración, sino como una forma de resistencia cultural.
Los artistas chicanos que crecieron en EE.UU. comenzaron a redescubrir y celebrar sus raíces indígenas, trayendo tradiciones de México a través de diversas expresiones artísticas y comunitarias. Así, en 1972, se llevaron a cabo las primeras celebraciones públicas y seculares del Día de los Muertos en el país, un fenómeno que ha influido incluso en cómo se celebra en México hoy en día.
Marchi resalta que estos rituales no son solo festividades, sino también oportunidades para fortalecer la comunidad, reafirmar identidades colectivas y reclamar espacios públicos. En un contexto donde las celebraciones oficiales a menudo promueven la unidad nacional, festividades como el Día de los Muertos surgen como formas de resistencia a estructuras de poder dominantes y narrativas históricas basadas en la colonización y la injusticia.
Entender la dimensión política de estas celebraciones culturales es fundamental para reconocer las complejidades de poder, identidad e historia que las rodean, promoviendo así un pensamiento crítico y un compromiso respetuoso con la diversidad cultural.
