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El impacto del carbón: cómo St. Louis venció la contaminación en los años 40

In Sin categoría
octubre 22, 2025

El 28 de noviembre de 1939, la ciudad de San Luis, en Estados Unidos, vivió una jornada que quedaría grabada en la historia como el «Martes Negro». La niebla densa y el aire contaminado sumieron a la ciudad en una oscuridad inusual, obligando a los conductores a avanzar a paso de tortuga y a los servicios de transporte público a retrasarse considerablemente. Las lámparas de las calles se encendieron y las ventanas de las tiendas brillaron intensamente, intentando contrarrestar la penumbra provocada por nubes de humo acridiante. Esta situación era consecuencia de la quema de carbón blando y sulfurado, utilizado por hogares, negocios y fábricas para obtener calor y energía.

Lo que ocurrió en San Luis en aquella fecha no fue un incidente aislado, sino una manifestación extrema de un problema que afectaba a numerosas ciudades estadounidenses desde hacía décadas. En aquel entonces, las regulaciones federales sobre la contaminación del aire eran aún un ideal lejano, y los esfuerzos a nivel estatal y local para limitar el humo del carbón habían fracasado estrepitosamente. La administración de Donald Trump, en años posteriores, intentó desmantelar las limitaciones existentes sobre la contaminación generada por el carbón, lo que evoca la lucha histórica de los ciudadanos de San Luis por un aire más limpio.

Una respuesta cívica generalizada

Pocos días después del Martes Negro, el alcalde de San Luis, Bernard Dickmann, tomó cartas en el asunto al crear una comisión encargada de investigar la crisis de contaminación del aire y proponer soluciones. En ese contexto, Joseph Pulitzer II, editor del St. Louis Post-Dispatch, lanzó una campaña periodística contra la contaminación del aire, que se convirtió en un faro de esperanza para la población. Su primera editorial, publicada el 13 de noviembre de 1939, clamaba por una acción urgente: «algo debe hacerse, o de lo contrario».

La comisión de Dickmann, conocida como el Comité de Eliminación de Humo, se reunió en numerosas ocasiones durante un invierno que parecía interminable. La situación era tan crítica que los reportes meteorológicos indicaban que el humo oscurecía el sol en uno de cada tres días. La búsqueda de soluciones generó una avalancha de propuestas, incluso de un acróbata que se ofreció a escalar en busca de chimeneas contaminantes.

En febrero de 1940, la comisión presentó un informe que recomendaba restricciones a las emisiones de humo. Se sugería que los ciudadanos y las industrias pagaran más por carbón de menor contenido en azufre o invirtieran en equipos más eficientes para quemar el carbón contaminante. El 5 de abril de 1940, el Consejo de Alderman de la ciudad se reunió para debatir los cambios legales necesarios para implementar estas recomendaciones. Sin embargo, la oposición no tardó en manifestarse. Más de 300 manifestantes, incluidos distribuidores y mineros de carbón, se congregaron frente al Ayuntamiento, blandiendo pancartas y exigiendo la revocación de la nueva normativa.

A pesar de la oposición, la ordenanza fue aprobada con una votación de 28 a 1. Inmediatamente, el vicealcalde Raymond Tucker comenzó a organizar el suministro de carbón de bajo contenido en azufre para los ciudadanos, lanzando una campaña de relaciones públicas para fomentar el cumplimiento de la nueva ley y contratando inspectores para detener el tráfico ilegal de carbón contaminante.

A medida que el clima invernal se instalaba, el carbón legal resultaba entre un 10% y un 30% más caro que el carbón de alto contenido en azufre, lo que complicaba la situación para muchas familias, especialmente en las áreas más desfavorecidas. Sin embargo, a pesar de los desafíos, los cielos de San Luis comenzaron a despejarse y en enero de 1941, la calidad del aire era considerablemente mejor que en años anteriores, convirtiéndose en un ejemplo a seguir para otras comunidades.

La prensa nacional comenzó a cubrir la transformación de San Luis, y los visitantes elogiaron el cambio en cartas a sus periódicos locales. La campaña del Post-Dispatch fue reconocida con un Premio Pulitzer en 1941, marcando un hito en la historia del periodismo ambiental.

Aunque la industria del carbón intentó desacreditar la campaña, argumentando que forzó a los ciudadanos a pagar más por combustibles, el legado de aquellos cambios se mantuvo, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el aire de San Luis nunca volvió a ser tan contaminado como antes de la implementación de la nueva normativa. Las acciones de la ciudadanía y la valentía de sus líderes han perdurado como un ejemplo de cómo la presión social puede conducir a un cambio significativo en las políticas públicas.

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